Fermín Bocos – Un pacto razonable.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

Las bases sobre las que el ministro Gabilondo propone un pacto sobre la Educación son razonables. Incluso, obvias. Tanto que desde las alturas del PP no se han atrevido a rechazarlas aunque la bandería política les instala en la renuencia». Sí, pero, no». Que si no queda clara la cuestión del idioma español; que si el papel de los padres a la hora de elegir el centro; que si el ideario. Parecen excusas de quien no tiene intención de conceder ni agua al rival. Porque, ésa es la almendra de la cuestión: tratamiento político a un asunto que, por el bien de todos, habría que separar de la política. Creo que en este asunto los populares olvidan que Angel Gabilondo es un ministro atípico en la compañía de «actores secundarios» -Solchaga, dixit- que dirige Rodríguez Zapatero.

Ni pertenece al PSOE ni ha ido por la vida y la universidad apoyándose en la política. Gabilondo es un hombre tranquilo y sensato, a quien abruma su encomienda en la medida en la que es un ciudadano responsable. No es criatura mediática ni le gusta el toreo de plató al que cada día se asemeja más la vida política española. Propone, de buena fe, un pacto sobre una materia crucial para el futuro de España como es la Educación (escrito así, con mayúscula) y espera reciprocidad por parte de sus interlocutores. Su diagnóstico, según el cual procede reforzar la autoridad de los maestros, es certero. También parece dictada por la sensatez la previsión de un año más de Bachillerato. Creo que si, por una vez, Rajoy y los suyos pudieran despojarse de la clámide partidaria y en lugar de pensar en las elecciones pensaran en las próximas generaciones deberían firmar el pacto que propone el ministro Gabilondo. Sería bueno para todos los españoles. Es de locos estar cambiando de planes educativos cada dos por tres en función de la alternancia política.

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