Rafael Torres – Al margen – Cielo único.


MADRID, 23 (OTR/PRESS)

El ministro de Fomento quiere, al parecer, que el cielo sea único. Lo que no han logrado las religiones, entre otras cosas porque jamás lo intentaron, lo quiere conseguir Pepe Blanco de aquí a un mes: un único cielo. Al activo político lucense, que se ha tomado muy en serio la presidencia española de la UE, le parece un dispendio que en Europa haya varios cielos, ocho me parece, e imbuido del espíritu ahorrador del gabinete nacional al que pertenece, va a proponer, al socaire de las pérdidas sufridas por el sector aeronáutico a causa del humazo del volcán islandés, que haya uno solo, que sale más económico. Lástima que ese afán unificador no se extienda, por ejemplo, a la Justicia, que, como se sabe, castiga despiadadamente al que roba una gallina, mientras no dice ni mú al ricacho que debe ocho nóminas a sus trabajadores, y que es, por cierto, el presidente del club de los ricachos.

Por ese lado, por el de la equidad, es difícil que la Justicia sea única, la misma para todos, en éste perro mundo, pero, cuando menos, podía unificarse en lo tocante a la jurisprudencia. El Fiscal general del Estado emplaza a ello, quemando posiblemente su último cartucho, al juez Varela, el que persigue a Garzón como si le debiera dinero y a impulso de la Falange y de un espectral «sindicato» de ultraderecha. El Fiscal, que se opone como todo el mundo civilizado al ominoso procesamiento del juez Garzón, le ruega que recapacite, que recuerde que las acusaciones populares no sirven por sí solas, y que se ciña a la jurisprudencia resultante del caso Botín, que no pudo ser procesado por esa circunstancia. Pero Varela, erre que erre, como quien oye llover, a lo suyo, miniando sus autos y sus insólitas diligencias para que el reo que no encuentre un resquicio para zafarse, decidido a llegar hasta el final. Diríase que Varela, mandando al Infierno a Garzón, ni siquiera desea un cielo único, sino un cielo para él solo.

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