Andrés Aberasturi – Nadie cree en el Estado de Derecho.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Podemos cantar salmos celebrando esa humildísima décima en el crecimiento de nuestro PIB, pero las cosas no sólo no van bien sino que tienen una difícil solución. Es como si de pronto una densa niebla se hubiera instalado en las cabezas de unos y de otros de forma que las posibles salidas, hoy por hoy, son invisibles.

Aquí se va perdiendo el «oremus» por barrios y si tantas veces hemos reprochado las ocurrencias del Gobierno, hoy nos sale Rajoy blindando a Camps «diga la Justicia lo que quiera». ¿Pero qué país es este? ¿Cómo el líder de la oposición se atreve a hacer una afirmación de semejante envergadura? ¿Es que ya nadie cree en el Estado de Derecho? Pues parece ser que no. El papelón que está desempeñando la Justicia en los últimos años de esta democracia nuestra, es para echarse a llorar y los males no sólo vienen de fuera sino también de dentro. Entre lo que jueces e instituciones jurídicas hacen y dejan de hacer y el poquísimo respeto que los partidos demuestran tener sobre este tópico, pero absolutamente necesario, pilar de la democracia, lo mejor sería volver a empezar. Resultaría largísimo enumerar aquí todo lo que viene ocurriendo, pero baste recordar algunos casos: el vía crucis del Tribunal Constitucional con el Estatuto catalán a cuestas, las tres causas abiertas contra Garzón, el ominoso silencio del caso Faisán, las criticas a Dívar por sus ideas religiosas, la presión explicita de Montilla, nada menos que el presidente de una autonomía, sobre el TC, las continuas filtraciones interesadas a distintos medios* es que es empezar y no parar. Y ahora sale Rajoy en plan pasota total: «diga la Justicia lo que quiera».

Naturalmente todo esto ocurre porque las cosas están mal planteadas desde el principio y el ansia de poder de los partidos, que es insaciable, les llevó en su momento a apoderarse de hecho del poder judicial. Ahora, según vengan dadas, se quejan unos u otros cuando son los únicos responsables de una realidad que todos vemos disparatada. Sin una Justicia libre, independiente y absolutamente transparente a los ojos del pueblo, la democracia nunca será lo que tendría que ser, lo que quisimos que fuera.

Pero como el PIB ha subido una décima, ya parece que sobra todo lo demás: no hay pacto para la educación, no hay pacto para la crisis y los parados esperando. El Gobierno ya no tiene nada más que ofrecer (lo dijo la vice Elena Salgado: no hay previstas nuevas medidas) y la oposición desliza la necesidad de unas elecciones anticipadas ¿para qué? Porque de las urnas no va a salir un nuevo ejecutivo fuerte sino igualmente necesitado de pactos puntuales que sin el apoyo del otro gran partido resultarían inútiles. Más de lo mismo. Para salir de la crisis deberían hablar los expertos pero como hay expertos para todos los gustos, cada uno aporta su receta que, al final, es pura ideología más o menos disfrazada. Recorte drástico de gasto publico incluidos sacrificios sociales y bajada de impuestos frente a subida de impuestos y endeudamiento con tal de no tocar el gasto social. ¿Se puede llegar a un acuerdo a partir de estas posiciones? Pues no parece fácil y menos cuando ninguno de los dos parece tener mucho interés en conseguirlo.

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