José Cavero – Un escrutinio interminable y tenso.


MADRID, 7 (OTR/PRESS)

Los británicos votaron este jueves quién será el nuevo inquilino de la sede del Gobierno, el número 10 de la calle Downing Street. Las encuestas mantuvieron el suspense hasta el final, pero los primeros escrutinios ya empezaron a decantarse a favor del candidato conservador, David Cameron, y lo que es complementario, se empezó a tachar el futuro político del actual primer ministro Gordon Brown. Pero tras diez horas de escrutinio, aún se mantenía la incertidumbre sobre el resultado final, al no completarse la mayoría absoluta a la que Cameron, lógicamente, aspira. ¿Conseguirá el dirigente conservador sumar esos escaños que aún le faltan, y que le permitirían gobernar con cierta comodidad, o incluso gobernar en minoría. Pero, curiosamente, diez horas después de cerrarse las salas de votación, «todo seguía abierto» a la solución final.

¿Gobierno conservador en minoría, o coalición de laboristas más liberales? En todo caso, y sea lo que finalmente suceda, no hay duda de que para muchos españoles estas elecciones y su correspondiente escrutinio han llegado a resultar «de infarto», y han merecido un extraordinario interés, ya desde la campaña, con sus debates televisivos, con la participación en los colegios electorales y finalmente con el nuevo Parlamento, que verosímilmente resultará «colgado», según la denominación británica, por no contar con mayoría absoluta. No es improbable que socialistas y populares se hayan visto retratados en la pelea de Brown y Cameron. Aunque ha surgido un tercer elemento que pudo haber roto ese esquema inicial, los liberales de Nick Clegg. Liberales en el sentido anglosajón, que viene a equivaler a socialdemócratas, y por los cuales se inclinó un porcentaje de británico que defraudaron algunas expectativas, pero que lograron cosechar una notable porción de actas de diputados.

Acaso una porción definitiva como para plantear una reforma de la ley electoral que, en adelante, tendría que conceder mayor atención a esta tercera fuerza. La fuerza personal de Clegg, no cabe duda, rompió algunos esquemas iniciales de Brown y Cameron, como también lo hicieron los debates electorales y las encuestas de opinión. Cabe recordar que Brown presentaba su candidatura para continuar en la dirección del partido y del Gobierno contra muchísimos pronósticos. Se le creía políticamente muerto y sin futuro, por razón de su propio carácter y del papel que le correspondió durante la crisis. De ahí que muchos socialistas españoles hubieran cambiado de «caballo» y apostaran por Clegg, pese a la excelente relación que han mantenido Brown y Rodríguez Zapatero.

En todo caso, sea quien sea el nuevo inquilino de 10 Downing Street, va a seguir mereciendo atenciones fuera de lo corriente precisamente por causa de las soluciones a la crisis que plantearán unos u otros de los nuevos o renovados gobernantes. Con toda probabilidad, también a los británicos se les va a anunciar una nueva etapa de «sangre, sudor y lágrimas». O lo que es lo mismo, recortes de gastos públicos y aumentos de impuestos.

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