José Cavero – Quién gobernará en Londres.


MADRID, 7(OTR/PRESS)

El resultado de las elecciones del jueves en Gran Bretaña no resolvió directamente la gran cuestión de quién gobernará o seguirá gobernando en 10 Downing Street, y por tanto, de quién adoptará las decisiones para terminar de salir de la crisis económica. Contrariamente a lo que pudo pensarse durante el escrutinio de los votos, en el que llevó siempre ventaja la opción de los conservadores de David Cameron, finalmente, hechos los cálculos finales, resultaba que nadie contaba con la mayoría suficiente para presentarse ante el parlamento con una lista del Gobierno que superara el voto mayoritario.

Es más, concluido el escrutinio, era el líder laborista, Gordon Brown, y ya ex primer ministro, quien creía estar en mejores condiciones para negociar la formación de un gobierno nuevo, por la sencilla razón de que parece más fácil el entendimiento de los laboristas con los liberales-socialdemócratas de Nick Clegg, que aunque han quedado lejos de sus propios sueños, sin embargo, pasan a ser una fuerza de importancia en la nueva Cámara baja o congreso de los diputados británico. ¿Podrá Brown? ¿Y a qué precio? Por su parte, en una primera reacción ha sorprendido la respuesta de Clegg: primero deben intentarlo los conservadores, que son quienes tienen mayor número de escaños. Es la tradición, que la Reina encomiende la formación del gobierno a quien ha obtenido más actas de diputado.

Sólo una vez que se comprueba la imposibilidad de constituir una mayoría absoluta, se recurriría al segundo candidato, Brown. Pero, parece probable que, primero se consuman esos tiempos de cortesía, que podrían utilizarse para conocer lo que pretende cada cuál. Por ejemplo, si Cameron no consigue esos 326 votos imprescindibles, sumando toda suerte de grupos y de voluntades «antilaboristas», no habría que descartar que el primer renglón de la factura liberal, a cambio de sumarse al gobierno, fuera la sustitución del muy «quemado» Brown por otra personalidad del mismo partido, porque no cabe suponer que se ofrezca el propio jovencísimo Clegg para sustituir al curtido y veterano Brown. Esa sería la primera condición. La segunda, o paralela a esa, los liberales plantearán la necesidad apremiante de que se reforme la ley electoral, por cuya virtud su 22 por 100 de votantes sólo le aportó 51 escaños. Ha sido materia muy debatida en la campaña electoral, una vez comprobado el éxito del «hallazgo Clegg».

Y luego, el programa, que ha de constituir otra asignatura dificilísima para el nuevo gobernante, sea quien fuera, como también han dejado ver los debates electorales. Entre otras cosas, porque ni los ciudadanos ni los políticos británicos tienen costumbre de confeccionar coaliciones, y de hacer gobiernos en los que el más votado no tendrá que ser necesariamente el primer ministro. Como sucedió en las autonómicas catalanas o gallegas, cuando Maragall, Montilla dejaron al más votado Artur Mas encabezando la oposición, o cuando Fraga hubo de dejar la Xunta por virtud de la suma de socialistas y Bloque, pese a ser el líder más votado. Gran Bretaña puede entrar definitivamente en la Vieja Europa…

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