Charo Zarzalejos – Ahora, la coalición


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Rajoy no necesita leer la nueva novela negra sueca, ni acudir a películas con efectos especiales. Para emociones y sustos tiene bastante con su partido. Cuando no es Esperanza Aguirre, es Camps y ahora Fabra, sin olvidar a Bárcenas y sin pasar por alto el supuesto espionaje de Madrid. Lo dicho, este hombre no gana para sustos. Tiene la virtud de no mover una ceja ante tanto sobresalto. El último le ha llegado desde Andalucía. Allí Javier Arenas ha hablado de coalición. Según el líder andaluz, Rajoy la ofrecería en octubre como mejor receta para salir de la crisis.

¡Para que más¡ Arenas se convirtió en noticia y su reflexión a punto estuvo de atraer toda la atención de la presentación de las propuestas económicas de Rajoy. El líder del PP, que ya la noche anterior sabía de las declaraciones de su amigo, estaba preparado para poner las cosas en su sitio: con Zapatero nada de coalición y sí pactos de Estados. Ahí lo dejó, mientras en Moncloa optaron por la ironía, sin descartar que el jefe de la Oposición tenga alguna carta guardada, alguna sorpresa porque a día de hoy, y aunque va avanzando posiciones, no ha desvelado sus planes últimos. Ni lo va a hacer cuando quedan casi dos años para las próximas elecciones.

Los socialistas tienen la certeza de que si las elecciones se celebraran a hora, las ganaría el PP. «Lo único que Rajoy tiene en contra es el tiempo», afirman. Este argumento es el definitivo para que Zapatero (sea o no candidato) agote al máximo la legislatura. «El tiempo corre a nuestro favor», sospechan en el PSOE, en donde, lo que son las cosas, creen que el momento «más dramático» ya lo han pasado y, además, tienen la convicción de que «sacaremos los Presupuestos, eso seguro».

No será con el apoyo del PP, que ahora ha decidido ponerse manos a la obra y trabajar para que los ciudadanos perciban que no sólo se oponen, sino que son alternativa real. Rajoy, en el Congreso, irá de oposición. Fuera de la Cámara se «vestirá» de Presidente ahora que las encuestas indican que los españoles no acaban de creerse que son el partido del «no» como dice el PSOE.

En esta estrategia las cartas se sacan poco a poco, se agotan plazos sin precipitaciones y, sobre todo, se espera a saber con qué fuerza real se cuenta; es decir, se espera a que las urnas hablen y será entonces, si se dan las condiciones, cuando, efectivamente, Rajoy pueda proponer un Gobierno de coalición, cosa que no hará antes de las elecciones generales y siempre y cuando las gane, y si él las gana significa que el PSOE no sólo las pierde, sino que con toda probabilidad se vea en la necesidad de afrontar un duro camino. Arenas se ha comido parte de ese calendario y Rajoy, que como buen opositor sabe lo importante que es el método y el calendario, no va a proponer aventuras sin tener clara la ruta.

Es como si no tuviéramos bastante con el día a día y se quisiera que los acontecimientos se precipiten y tropiecen consigo mismos. No son tiempos de ocurrencias y sí de afrontar las cuestiones pendientes, como es la reforma de la reforma laboral, que a Felipe González le ha gustado más bien poco y que los populares están dispuestos a modificar «si nos dejan meter baza». Y es que además están los Presupuestos, y las elecciones catalanas y quién sabe si mañana mismo, lunes, el Tribunal Constitucional dicta sentencia sobre el Estatuto catalán. Quienes tienen motivo para saberlo, la esperan de inmediato y auguran que todo lo referente al Poder Judicial será declarado inconstitucional. Para el PP será un alivio. Con sentencia, que ya han dicho van a respetar, se les allana el camino en Cataluña. Rajoy lo sabe y Artur Mas lo reconoce. Arenas ha hablado y su jefe, con buen criterio, no ha movido una ceja.

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