Victoria Lafora – Pactos desde el poder


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Mariano Rajoy dejó muy claro el viernes que considera imprescindible un pacto de Estado sobre la Educación, pero, y ahí está la clave, este sólo se logrará cuando su partido llegue a la Moncloa. Aún más, tiene decidido que esta será una de las primeras propuestas que hará a la oposición socialista nada más instalarse en el poder.

Para entonces, si es que consigue los votos necesarios, habrán pasado dos años de deterioro de la enseñanza, en este país que tanto le preocupa. Olvida también que, hace solo unos meses, tras arduas negociaciones y repetidas promesas de que esta vez sí, el Partido Popular se negó a firmar el pacto ofrecido por el ministro Gabilondo que se reclamaba a gritos desde todos los sectores sociales.

Las razones de peso que alegaron para negarse a estampar su firma en un texto, que significaba dar estabilidad al sistema docente y que este no estuviera al albur del gobierno de turno con cambios de planes de estudios cada cuatro años, fue que no explicitaba suficientemente el derecho de los padres a la libre elección de centro (privado y concertado) y que no quedaba claro el papel del castellano como lengua vehicular.

Pero enfrente se han encontrado con una roca berroqueña con forma de ministro de Educación. Angel Gabilondo es un hombre inasequible al desaliento, negoció y cedió lo que consideró prudente y lógico, flexibilizó 4º de la ESO como le pedía el PP. Atendió sugerencias de docentes, expertos, catedráticos, profesionales del mundo del trabajo, futuros contratadores de estudiantes y grupos políticos que mejoraban el texto. Cuando la puerta se cerró buscó otra vía y la ha encontrado.

En el último Consejo de Ministros ha presentado un plan de acción, para el próximo curso, que recoge buena parte de las medidas que el PP que, aún estando de acuerdo, no quiso convertir en algo duradero porque «al enemigo ni agua». Para su aplicación habrá que negociar por separado con Comunidades Autónomas, pero dado el demostrado tesón de Gabilondo y su convicción profunda de la necesidad perentoria de una reforma educativa, es más probable que saldrá adelante.

En estas fechas en que los mentideros políticos bullen con las quinielas sobre el cambio de Gobierno, la elección de una profesional como Gabilondo, que llegó al cargo desde una brillante trayectoria en la docencia, que conoce el sector, que sabe de sus retrasos, de sus carencias y ha volcado su empeño en mejorarlo, se evidencia como el mejor perfil que deberían tener los nuevos ministros. Por cierto es independiente.

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