Charo Zarzalejos – Buen aniversario


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Un año sin una víctima mortal de ETA. Un año sin un funeral, sin una familia destrozada, sin una vida truncada por la barbarie terrorista es un buen aniversario, es un motivo de alegría y, sobre todo, de esperanza. Alguien dijo una vez que «escribir en Euskadi es llorar» y tenía razón. Escribir de ETA -añado por mi cuenta- es temblar. Y es temblar porque da miedo que la alegría de hoy dure poco tiempo y que este aniversario sin víctimas pueda verse empañado por quienes aún no han decidido abandonar las armas. En todo caso, y sin dejar el temblor, justo es alegrarse y justo, muy justo, felicitar a todos aquellos que hacen posible que hoy ETA sea una organización terrorista obligada a pensar sobre su futuro. Y está obligada a hacerlo porque hoy pertenecer a ETA no es un timbre de gloria, como lo era para muchos hace algunos años. Hoy pertenecer a ETA, además de formar parte de una organización criminal, es apostar por la nada y por la cárcel. Necesariamente, tarde o temprano los miembros de ETA se verán abocados a pensar en su futuro porque ahora no lo tienen.

Este buen aniversario es el mejor acicate, la mejor prueba de que nada mejor que huir de los experimentos para luchar contra ETA. Contundencia y eficacia policial, cooperación internacional y, sobre todo y antes que nada, un discurso político y social que les lleve a la desesperanza, a saber que no van a tener rendija por la que colarse, que nada de lo que hagan va a hacer que el Estado tiemble. Esta es la estrategia actual del Gobierno, que recibe el apoyo del principal partido de la Oposición, y al Gobierno corresponde llevar al colectivo de víctimas la garantía, la certeza absoluta de que esta y no otra es su estrategia.

La satisfacción no debe ofuscarnos y creer que esto se ha acabado. No. ETA continua existiendo, tiene comandos y tiene armamento. Aún preserva lugares en los que esconderse y aún no ha llegado a la convicción de que lo único importante que tiene que hacer es renunciar a las armas. Fuera de eso, toda la literatura que pueda generar carece o debiera carecer de interés. ETA continúa existiendo y, en la medida que no haya una renuncia expresa a las armas, no hay que bajar la guardia. No hay que bajar la guardia en el nivel de exigencia, evitando caer en la trampa de que como llevan un año sin matar son menos terroristas que hace doce meses. Son iguales. El matar o el dejar de hacerlo por un tiempo forma parte de la misma estrategia. Nunca sabremos a ciencia cierta si este año sin víctimas es debido a una voluntad de ETA de que no las haya habido o a la imposibilidad material de la organización terrorista de llevar a cabo un atentado, en cualquier caso lo importante es que nada nos «ablande».

Es seguro que de una u otra manera, ETA y sus más próximos tratarán de estar en las elecciones municipales. Siempre se encuentran subterfugios para tratar de burlar la ley y no siempre es fácil pillar las trampas. Por ello es obligación prioritaria de las instituciones del Estado mantener una especial alerta para que ni un solo asiento institucional esté ocupado por alguien que no esté dispuesto a hacer política, a defender sus ideas en buena lid.

En el conjunto de España, pero sobre todo en el País Vasco, hay mucha, muchísima gente que ha sufrido lo indecible. Muchos porque han visto a sus seres queridos destrozados en una cuneta y otros muchos porque la amenaza directa y real ha condicionado su vida, incluso su salud, obligándoles a abandonar lo que más querían. El conjunto de los españoles y de manera prioritaria los vascos, los buenísimos vascos, se merecen, nos merecemos esa máxima alerta, esa vigilancia sin tregua para que ni un solo simpatizantes del terror llegue a las instituciones. De manera especial se lo merecen las víctimas, esas víctimas que llenas de dignidad y honorabilidad han renunciado de manera expresa a la venganza, a tomarse la justicia por su mano y es que ellas, las víctimas, son el auténtico milagro del País Vasco.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído