Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Y ahora* A cargar las pilas (desgastadas)


MADRID, 31 (OTR/PRESS)

Concluyó la semana política con la tan esperada conferencia de prensa de «fin de curso» del presidente del Gobierno. No dijo mucho nuevo Zapatero -trató específicamente de no hacerlo-, pero nos quedamos con la sensación de que inicia unas dicen que cortas vacaciones con vocación de reflexionar a fondo: para el «otoño caliente» que nos amenaza promete traer nuevas reformas en la política activa de empleo, en la prolongación de la edad de jubilación… Yo creo que también nos traerá un nuevo elenco ministerial, pero esta es una perspectiva, y un clamor, que ZP siempre aleja de sí, al menos en sus declaraciones a los periodistas.

Si tengo que alabar algo en Zapatero, es su capacidad de recuperación: ni una autocrítica por el hecho de haber tenido que variar ciento ochenta grados su política para asegurarnos, con las medidas actuales rechazadas hasta hace tres meses, un futuro de prosperidad. Sin que se le mueva un músculo facial pasa del Este al Oeste. Si tengo que criticar algo en Zapatero, es precisamente esta incapacidad de autocrítica, que genera no poca inseguridad jurídica entre los españoles: ¿será ahora cuando su palabra es buena o variará nuevamente mañana?

Al presidente hay que reconocerle valor: encara una rueda de prensa cuando el Congreso ha dado paso a una reforma laboral simplemente inaceptable para las organizaciones de los trabajadores, que, ahora sí, no tendrán más remedio que poner toda la carne en el asador a la hora de organizar la huelga general. Comparece ZP ante los periodistas el día en el que las cifras del paro sufren un nuevo varapalo y, pese a todo, se atreve a garantizar que las cosas, con las medidas en trance de adopción, van a ir mejor.

Es cierto que algunas bazas le acompañan en esta jugada: los tests de solvencia de la banca española, por ejemplo, que parecen ser una idea suya; la buena cara que empieza a poner a la política económica española esa prensa especializada internacional, habitualmente tan veleta y a la que, sin embargo, se le da tanta importancia; que el turismo, la gallina de los huevos de oro, no esté colapsado, aunque los empresarios del sector aseguren que los ingresos van a ser menores. Y, si es cierto que el paro sigue subiendo tras dos meses en los que no lo hacía, también es verdad que por primera vez se está creando empleo desde hace dos años.

Me parece todo ello, no obstante, insuficiente. No logro comprender cómo sus asesores no incitan al presidente a hacer, en una comparecencia tan señalada como esta ante los medios, anuncios que copen titulares, que infundan esperanzas, expectativas de futuro. Abrir, por ejemplo, una crisis ministerial tiene relativamente poco riesgo y probables buenos resultados, al menos en cuanto a acaparar la atención del personal. Como si no hubiese motivos para cambiar a algunos ministros, y como si, encima, no hubiese dos mandatos parlamentarios para reducir el número de ministerios.

Pero ZP ya ha dicho que a él la prensa no le hace la crisis y ahí está, inmóvil como un buen torero ante el morlaco -que esa es otra-, mirando a los ojos a los periodistas desde su atril en el palacio de La Moncloa y asegurando que aquí no pasa nada. O sea, nada.

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