Andrés Aberasturi – ¿Lealtad u obediencia?.


MADRID, 09 (OTR/PRESS)

Dice Trinidad Jiménez que no es la candidata de ZP en las primarias de Madrid. Dice que si se presenta es porque ella así lo ha decidido después de una larga y profunda reflexión. Dice que siente un gran respeto por Tomás Gómez. Dice de él que ahora es el candidato al que las encuestas dan como vencedor. Dice y dice Trinidad Jiménez porque tiene que quedar bien con todos y eso, naturalmente, es imposible. No sé muy bien si ha sido la lealtad (esa cosa tan casi siempre mal entendida) al líder lo la ciega obediencia la que ha llevado a «Trini» a aceptar semejante marrón.

Quizás me equivoque y de verdad la aún ministra de Sanidad quiera ser presidenta de la Comunidad, pero se me hace duro aceptarlo. No es normal que después de haber fracasado como candidata a la alcaldía, quiera ahora -ella, personalmente- repetir la experiencia frente a Aguirre. No es normal que después de ocupar plaza en la mesa del Consejo de Ministros, donde aun tiene su sitio, y tener su puesto en la banco azul de las Congreso, le entre este arrebato de madrileñismo que resulta casi evangélico: deja todo cuanto tienes, ven y arriésgate o bien a perder frente a Gómez o bien a perder frente a Aguirre. Demasiadas apuestas y demasiado arriesgadas para una ministra bien valorada por la gente pero que se las va a tener que ver, en primer lugar, con sus propios compañeros.

Porque eso pueda que sea lo más duro. Leire Pajín, en su dulce inocencia, aseguraba el otro día que el PSOE siempre había salido fortalecido de las primarias. Que se lo pregunten a Borrell. De las primarias siempre se sale mal, el partido pierde y los candidatos también. Pierde el partido porque hay que hacer campaña y todos sabemos que las cosas que se pueden decir en una pugna electoral. Cuando de quien se dicen es del otro partido, del PP en este caso, ningún problema; lo malo es cuando Gómez y Jiménez se tenga que tirar los trastos a la cabeza por mucho respeto y cariño que se tengan. Todo eso desprestigia al partido y muy especialmente cuando, como en este caso, hay un candidato natural que es Gómez y una impuesta -diga lo que diga- por los mandamases de Ferraz/Moncloa que en este PSOE tanto da.

El partido queda mal, da muestras públicas de sus cuitas y a la luz del ciudadano solo permanece la sensación de que cada uno tira por su lado y lo que todos quieren es poder (que, por otra parte, es la gran verdad). Y si acercamos un poco la lente, veremos que ZP corre también el peligro del fracaso porque su nombre va unido al de su ministra y si fracasa en la primarias Trinidad Jiménez, fracasará con ella ZP al menos en el socialismo madrileño que no es moco de pavo.

Pero el riesgo de fracaso de los candidatos también es evidente y más aun después de todo lo ocurrido estos últimos días. Si gana Gómez ¿que va a ser de Jiménez? No parece fácil su vuelta al Gobierno y hasta resultará complicado buscarla un acomodo fuera del banco azul. Uno o una es minisitro/a y después sólo queda la empresa privada o puestos honoríficos. Pero el panorama de doña Trinidad es aun más complicado porque si gana las primarias a Gómez pero pierde frente a Aguirre, ya habrá acumulado dos fracasos en elecciones que dejan muy difícil su continuidad en política. La decisión que le han tomado a Trinidad Jiménez no tiene mas provenir que ganar, si o si, las dos pruebas.

Para Gómez, un poco de lo mismo. Su obligación ahora es mantener su independencia frente al aparato de Ferraz y ganar el pulso de la primarias porque de otra forma, su carrera habrá terminado antes de empezar. Pero para ganar hay que enfrentarse al gran paquidermo que es el Partido y su diabólica trama de intereses. Tiene razones sobradas para sentirse dolido sino traicionado y sólo le queda encomendarse a los socialistas madrileños que siempre fueron muy suyos y que un desplante como el de ZP puede despertarles de ese letargo dialéctico al que nos tenían acostumbrados en tiempos sin duda más felices por más libres. En ellos está el futuro y los decidirán. Pero que quede claro que una cosa es la lealtad y otra bien distinta la obediencia ciega. Y creo, sinceramente, que Trinidad se ha equivocado.

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