Francisco Muro de Iscar – Tres dimisiones.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Afortunadamente para todos, hemos dejado de hablar de democracia para referirnos, discutir y pelear por «la calidad» de la democracia. Es un avance tan importante que seguramente no somos conscientes de lo que significa. Democracia es tener elecciones, libertad de prensa, partidos y sindicatos y otras muchas cosas. Calidad de la democracia es tener instituciones que funcionan, independencia de poderes, controles sobre esos poderes, equidad en las reglas de juego, efectiva participación social, una prensa independiente, etc. Tenemos una democracia estable y consolidada, que algunos, afortunadamente cada vez con menor respaldo social, quieren destruir, pero tenemos que avanzar todavía mucho en el terreno de la calidad.

Buena prueba de ello es la falta de democracia interna de instituciones como los partidos políticos o el papel de otras, fundamentales, como los sindicatos. La reciente huelga ha puesto de manifiesto que, aunque una gran mayoría de los ciudadanos mostró razones para hacer una huelga general, la que convocaron los sindicatos ha sido secundada por una minoría y sólo ha tenido efectos reales en aquellos lugares donde los piquetes han impedido la libertad de los ciudadanos mediante la amenaza o la violencia. Esta huelga, convocada a destiempo, con objetivos confusos, después de la incapacidad de sindicatos y patronal de llegar a formular propuestas viables, después de una política del Gobierno, compartida y avalada por los sindicatos, que ha provocado dos millones de parados más en dos años, y con un coste económico y social muy importante, ha sido un fracaso.

En tres años hemos pasado de tener un 8 por ciento de parados, un punto más que la media europea, a tener un 20, el doble que Europa. Y los sindicatos, callados hasta ahora, quieren seguir igual. Sólo por esa razón, aunque hay muchas más, los resultados de la huelga deberían tener una consecuencia inmediata. Que Méndez y Toxo tuvieran la generosidad de presentar su dimisión para que el viejo y anacrónico sindicalismo español iniciara una renovación. Deberían hacerla los partidos y la tiene que hacer casi toda la izquierda europea porque los viejos principios, la lucha de clases, el poder obrero hoy son otra cosa. El mundo ha cambiado, los sindicatos españoles no. Ni Méndez ni Toxo pueden ser la punta de lanza del sindicalismo moderno, fuerte, inteligente que España necesita.

Esas son dos dimisiones. La tercera es la del presidente de la patronal, Díaz Ferrán, que ha cometido los mismos errores que los sindicatos y que ha demostrado la misma incapacidad para el acuerdo. Pero que, además, tiene sobre su cabeza unas circunstancias personales que deberían impedirle, por dignidad, seguir ostentando la representación de los empresarios españoles. Se echa de menos a Cuevas y a Fidalgo. La calidad democrática de sindicatos y patronal -y no sólo de ellos- exige otros líderes y otros planteamientos antes de que sea peor.

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