Esther Esteban – Más que palabras – El resacón y las primarias.


MADRID, 5 (OTR/PRESS)

Las primarias de Madrid han tenido el correspondiente ritual: el día de después y el «resacón» que, según dicen, es algo más que una resaca a la vieja usanza. Tomás Gómez ha pasado a ser «Tomás» a secas después de la heroicidad de ser el David que ha vencido a Goliat, según Bono. Ahora el objetivo es salvar a Zapatero, que se ha quedado desamparado por un líder que el mismo sacó del pueblo llano y soberano, de una alcaldía, la de Parla, que le convirtió en intocable a base de mayorías absolutas, para convertirlo en aparato puro y duro del PSM. Zapatero no tiene nada que reprocharle a Gómez y ahí es donde empieza el «resacón». El líder de los madrileños ha ganado a su rival, la mujer de Moncloa y Ferraz por el mismo procedimiento que él consiguió el liderazgo del PSOE: con el voto de las bases del partido. Ha sido él quien, abducido o no por dos de sus hombres fuertes, José Blanco y Rubalcaba, se dejó llevar por las encuestas ante las negras perspectivas electorales de su partido, pensando que podía improvisar liderazgos y despreciar el trabajo del día a día de los socialistas madrileños, sin que nadie le hiciera un ruidito. Y también quien ha expuesto su liderazgo al situarse al lado de la perdedora.

El «resacón» de las primarias no se va a curar con un par de Alka-Seltzer y… a otra cosa mariposa. De hecho, según como se desarrollen los acontecimientos puede ser un elemento decisivo para que Zapatero -que sigue deshojando la margarita sobre si será o no candidato a las próximas elecciones- al final tire la toalla. De entrada, en el PSOE lleva mucho tiempo larvándose una especie de rebelión de los barones, que lejos de ver a su jefe de filas como un activo para ganar las elecciones en sus respectivos territorios le empiezan a ver como una seria amenaza. Desde Patxi López a José Maria Barreda, pasando por casi todas las autonomías en las que gobierna el PSOE han lanzado mensajes contundentes sobre la parálisis que sufre el Gobierno, que es lo mismo que darle un coscorrón a su jefe de filas.

El resacón de las primarias también traerá daños colaterales, por mucho que ahora todos se empeñen en guardar silencio y agiten con fruición la bandera de la unidad. Rubalcaba, autor intelectual de la operación «Trini», y el que sentencio que el único mérito de Tomás era haberse convertido en el hombre que le dijo «No» a Zapatero, no podrá vender las bondades del madrileño sin que se le pregunte por las consecuencias de sus actos, como el mismo advirtió. Algo similar le ocurre al todopoderoso José Blanco, que lejos de ponerse de perfil entro a hoz y coz en la defensa de la perdedora.

El resacón de las primarias es la consecuencia de la sacrosanta democracia, sólo que cuando se trata de ir a las urnas el que gana manda y el que pierde se va al banquillo de la oposición. Esa regla de oro no es aplicable en este caso porque acabaría con Zapatero. Ahora hay que poner paños calientes, hablar de integración, de lealtad al líder supremo y de fijar la diana en el enemigo exterior que en este caso es Esperanza Aguirre. Claro que si el rebelde ganador de las primarias resulta perdedor en su verdadera cita con la historia: las elecciones de mayo -que diría Peces Barba- no es sólo que vayan a pasar a cuchillo es que sus adversarios ya están preparando el ataud.

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