Fernando Jáuregui – Estamos al borde de la paz ¿definitiva?


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Discuto mucho estos días con algunos de mis compañeros. También con políticos, del partido gubernamental y del de la oposición. Les digo que me parece que hay que combatir ese cierto pesimismo que detecto con respecto a lo que pueda ocurrir con ETA. Los detractores del proceso hablan demasiado, me parece, de treguas-trampa, de intento desesperado de Batasuna-ETA por concurrir a las elecciones municipales, de negociación subrepticia del Gobierno con la banda… Yo creo que hay motivos sobrados para el optimismo, para desterrar los fantasmas y para pensar -ya sé que alguien me acusará de ingenuo: tal vez lo sea- que, esta vez, las palabras podrían responder a los pensamientos reales de quienes las pronuncian.

En absoluto me escandaliza que haya, como sugieren algunas informaciones prontamente desmentidas oficialmente, contactos entre socialistas vascos y miembros de la ya extinta Batasuna. En mi opinión, tales contactos, incluso desde el Gobierno o aledaños, resultarían casi obligados: hay que tratar de conocer las verdaderas intenciones de quienes fueron -y me parece que ya no son- el «brazo político» de ETA, y eso solamente se logra cara a cara, en conversaciones francas, que de ninguna manera significan negociación, ceder algo a cambio de algo.

Manifiesto mi confianza en la actividad en este campo -lástima no poder extender esta confianza también a otros terrenos- del Gobierno de Zapatero-Rubalcaba. Obviamente, seguro que ninguno de los dos puede narrar el «making off» de la película desde que concluyeron, abrupta y fracasadamente, las negociaciones con la banda, pero ellos tienen, sospecho, motivos para creer que la solución a cuarenta años de pesadilla puede estar empezando a llegar. Y si, para ello, hay que hablar con Otegi, pues se habla. Si hay que mantener contactos con esos «abertzales» dispuestos a abominar de la violencia y a romper con los fanáticos que aún le quedan a ETA, pues se mantienen. ¿Y qué? No creo que ni el estado de derecho, ni el respeto debido a las víctimas -nuestros héroes-, ni nuestra autoestima como gentes que combaten el horror y el terror, vayan a sufrir lo más mínimo por ello.

Ojalá no me equivoque en esto, como quizá me haya equivocado en otros momentos de raro optimismo -no confundirlo con algunas previsiones exageradas e impertinentes lanzadas, con claros propósitos, por algunos ministros-: creo que debemos prepararnos para una racha de buenas noticias. Matizadamente buenas, con claroscuros, con titubeos, si usted quiere; pero, al final, da la impresión de que ETA se está muriendo, Dios sea loado.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído