José Cavero – González-Sinde explica la derrota de su ley.


MADRID, 16 (OTR/PRESS)

El martes pasado Angeles González-Sinde sufría un fuerte revés, al ser rechazada la propuesta de ley antidescargas en el Congreso, dentro del paquete de medidas de la Ley de Economía Sostenible (LES). Muchos sectores de la cultura han echado en falta la pulcritud política del resto de grupos que se negaron a votar por no obtener lo que pedían a cambio de su voto y otros echaron en falta que los grandes nombres de la cultura dieran la cara por una norma que les beneficia.

El diario Público pregunta a la ministra qué conclusiones ha sacado de esta experiencia tan desafortunada Responde González Sinde: Que la política es imprevisible y que el Parlamento tiene esa libertad y potestad de cambiar de criterio y que hasta el último minuto las votaciones son sagradas. Es una lección de democracia. Repregunta el periodista: ¿Le ha decepcionado manejarse entre tratos y acuerdos? ¿Queda el bien común cuestionado? «La actitud de ciertos partidos políticos no siempre es mirar por el bien común. Es una parte importante de la política. Además, hay que entender que estamos en un momento de política especialmente duro, en el que la actitud que mantienen ciertos partidos políticos no siempre es mirar por el bien común, sino por el acoso y derribo del Gobierno. Todo es mucho más tenso. Tenía claro que aprobar estas medidas no iba a ser un paseo. Es un tema controvertido. No he sido la más sorprendida.

«¿Es una ley incómoda?». Es una ley que requiere un Gobierno valiente para llevarla adelante y los ciudadanos en momentos sociales y económicos como éstos aprecian la honestidad y la valentía. Hay que tomar decisiones, porque si no, no se sale adelante. A quienes critican desde la barrera y no hacen más que poner palos en las ruedas, los ciudadanos los tienen en cuenta. ¿Se ha sentido sola, el Gobierno la apoyó con el resto de los grupos?, es la siguiente pregunta. «Se apoyó y se intentó negociar hasta el último momento. Economía desde luego estuvo defendiendo la posibilidad de aprobar la disposición hasta el último momento, pero hay cuestiones que son irrenunciables y para sacar una ley maltrecha y poco eficaz, es mejor esperar, alargar el proceso y seguir debatiendo».

¿Fue buena idea incluir la ley antidescargas dentro de la Ley de Economía Sostenible (LES)? «En momentos sociales y económicos como éstos, los ciudadanos aprecian la honestidad. Yo creo que sí porque la Ley de Economía Sostenible habla de todos los sectores que se consideran estratégicos para el despegue económico y para la transformación del modelo. Dentro de ese contexto estamos hablando de un tema de mercado, de normas, de intercambios económicos entre propietarios de derechos y de explotación de obras. La posibilidad de desarrollar ese mercado de contenidos es una gran oportunidad para España, quizás más que para otros países. Estratégicamente es una cuestión económica en la que el Gobierno cree. El modelo que ha propuesto el Gobierno en España es el único en Europa que no criminaliza al ciudadano ni al usuario, sino que persigue a quienes inician esa cadena de actividad que vulnera la ley, quienes se lucran explotando las obras de otros.

No hay tanta oferta como debería para que despegue ese nuevo modelo de negocio que está como detenido. Sí la hay en música, pero no en el libro o en cine, porque no hay una seguridad jurídica que permita la inversión y precios competitivos. Pero esto es una pescadilla infinita: hasta que no haya un marco legal no invertimos, pero las condiciones para usar descargas legales no pueden ser tan malas. El sector de la música se ha puesto al día y no ha obtenido los resultados en la implantación que deseaba. El sector podrá avanzar cuando tenga un marco jurídico razonable. Ana María Matute o Vargas Llosa no están disponibles en libro electrónico porque el riesgo es inmenso y la inversión muy grande. Que desaparezcan ciertos modelos de distribución que se han quedado obsoletos, que la tecnología ha superado, no tiene nada de malo. Las librerías pueden migrar a la red y los videoclubs también, pero España está siendo muy poco atractiva para ese negocio. Eso impide el crecimiento y exploración de nuevos modelos.

¿Y eso no va a ocurrir hasta que se apruebe una ley antidescargas? Claro, eso es lo que reclaman quienes tienen que hacer esos desembarcos en la red. El sector editorial ha visto lo que ha pasado con otros dos sectores en la red y el riesgo es inmenso. Para España el sector editorial es un 1% del PIB y eso no es una broma. Los creadores llevan tiempo hablando de esto, otra cosa es que tengan las herramientas para hacer tanto ruido en la red. Además, este problema llega a todos los que trabajan en esa cadena de valor, desde el señor que lo distribuye al que lo vende en su tienda, a los que han perdido sus puestos de trabajo, a las cientos de tiendas de discos que han cerrado y que nadie ha dicho ni mu, a los sellos discográficos independientes de capital español, como los miembros de Unión Fonográfica Independiente (UFI)…

La cultura española no puede ser únicamente de bestsellers ni de Los 40 Principales. Es importante fomentar la diversidad cultural, porque genera 800.000 empleos. Escritores y columnistas han hablado de este tema. Y por supuesto, desde mi nombramiento como ministra, que fue el primer gran ataque a la posibilidad de variar las reglas del juego en la red. Ahora el debate está mucho más maduro que hace año y medio. La movilización ha empezado cuando han conocido esa información publicada en los medios. Una gran empresa con departamento legal está mejor informados de política de lo que está un creador, que es un trabajador como cualquier otro. Su fragilidad y vulnerabilidad es mayor. Yo me siento completamente arropada y apoyada y no deja de sonar la campanita de mi móvil, de mensajes de llamadas, de e-mails, de personas preocupadas por la cultura.

¿Cuáles han sido los errores que ha cometido para llegar a una situación como esta? A mí no me parece que haya habido errores. Estamos explorando y legislando un territorio nuevo para todos. Eso es lo apasionante: es nuevo y lo estamos inventado.

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