Antonio Casado – ETA, qué pesados.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

Puntual, preciso, inequívoco y lúcido, como de costumbre, el vicepresidente Rubalcaba claveteó este lunes por enésima vez la doctrina oficial en materia de política antiterrorista, que ahora es compartida por los dos principales partidos de la oposición en el País Vasco (PNV) y en el conjunto de España (PP). Solo vale el adiós a las armas definitivo y sin condiciones. Lo demás es lo de siempre.

Fue en comparecencia posterior a la difusión del último comunicado de ETA. Con capucha, como todos los anteriores. Prueba irrefutable de que seguimos en las mismas. La única novedad, irrelevante de todos modos, es esa alusión a la posibilidad de verificar internacionalmente el alto el fuego («general» y «permanente», pero no definitivo). Al respecto, Pérez Rubalcaba ya ha fijado las generales de la ley: en un Estado de Derecho la tarea de verificar las actuaciones de una banda terrorista corresponde a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

Y poco más que decir respecto al comunicado de la banda, difundido este lunes pero fechado el sábado 8. Es decir, el día de la manifestación de solidaridad con los presos de ETA, en Bilbao, cuyas soflamas y pancartas hablaron, entre otras cosas, de cárceles de exterminio y presos políticos. Es como si ETA estuviese devolviendo el favor a esa llamada izquierda abertzale con prisa por blanquearse y participar en las próximas elecciones municipales.

Es el particular cuento de la lechera de los amigos políticos de ETA, explicado hace unos días por el propio Arnaldo Otegui al Wall Street Journal. El dirigente de la ilegalizada Batasuna anunciaba entonces desde la cárcel, a través del diario norteamericano, que ETA estaba preparada y dispuesta a dejar la violencia para seguir intentando por las buenas el sueño de un Estado vasco independiente.

Pues que la deje, sin tomarse las molestias de anunciarlo tantas veces. Solo serán creíbles cuando pongan las tres letras de la palabra «FIN» donde ahora ponen las tres letras de la palabra «ETA», según el último hallazgo verbal del vicepresidente y ministro del Interior.

No merece mayor atención esta enésima intentona de ETA y sus amigos por recolocar en la agenda política la expectativa de una tregua a cambio de compensaciones políticas, como la territorialidad y la autodeterminación, que no se han descolgado de su cansino discurso. O como paso previo a la presentación en sociedad de una nueva Batasuna con otros collares. En todo caso, las declaraciones de Rubalcaba nos vienen a recordar que ni él, ni Zapatero, ni el lehendakari López, ni Chus ni Mus, están por la labor de escuchar los cuentos de la lechera de Otegui y los filantrópicos firmantes de la llamada Declaración de Bruselas (29 de marzo). Qué pesados.

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