Julia Navarro – Escaño Cero – Sembradores de odio.

Julia Navarro - Escaño Cero - Sembradores de odio.


MADRID, 10 (OTR/PRESS)

No, Sarah Palin no disparó contra la congresista Gabrielle Giffords, pero ella junto al resto de la «troupe» del Tea Party, entre los que se encuentran algunos programas de radio y televisión, llevan mucho tiempo sembrando odio.

Sí, han sembrado odio contra Barack Obama, contra el ala más progresista del Partido Demócrata, en realidad han sembrado odio contra todos aquellos que no piensan como ellos, que tienen un modelo de país diferente.

No, Sarah Palin no ha disparado contra Gabriele Giffords, pero colocaba una diana sobre la cabeza de los candidatos demócratas a batir en las elecciones, y ya me contarán ustedes si esa es una manera civilizada de hacer política.

Y es que los miembros del Tea Party vienen utilizando un lenguaje descarado y agresivo que pasa por el insulto, la descalificación y el desprestigio de sus oponentes políticos. Al decir de los miembros del Tea Party todo lo que hace Obama está mal, y sus tibias reformas en pro de las capas más desprotegidas de la sociedad, como la ley que pretende dar cobertura sanitaria a millones de norteamericanos que no tenían derecho a ella. Es más, cuando se estaba tramitando la ley se produjeron más de cuarenta ataques a oficinas de congresistas del Partido Demócrata.

No, Sarah Palin no ha disparado contra Gabrielle Giffors, pero su discurso como el de otros muchos miembros del Tea Party, así como el de algunos columnistas y directores de programas de radio y televisión, está repleto de odio, de veneno, y ese veneno ha entrado lentamente en la cabeza de muchos de quienes les escuchan como Jared Lee Loughner, el presunto responsable del atentado que le ha costado la vida a más de media docena de personas, entre ellos una niña de nueve años.

Cuando se siembra odio se termina recogiendo cosechas como las de la matanza que se ha producido en Tucson este fin de semana. Y, ciertamente, Sarah Palin no fue quien disparo contra la congresista Giffords ni sus seguidores, pero tanto ella como los miembros del ala más ultraderechista del Partido Republicano deberían hacer una profunda reflexión sobre lo sucedido. A lo mejor incluso hacen un acto de contrición.

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