Charo Zarzalejos – Orgullo y Grandeza.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Tratan los socialistas de desvincular el fin de semana en Zaragoza de cualquier intención electoral, intento bastante absurdo porque, en realidad, ha sido, está siendo el inicio de la campaña que culminará el 22 de Mayo. Algo tan legítimo que resulta un tanto infantil poner énfasis en otras cuestiones. Han hablado del estado autonómico, pero de lo que verdad se ha hablado ha sido del Presidente del Gobierno, «José Luis» para sus amigos. Entre ellos José Blanco que nunca ha ocultado_todo lo contrario_su agradecimiento a Zapatero. Se ha hablado en público y en privado del Presidente porque es su decisión lo que tiene en ascuas al PSOE y a los barones que fuera de las sedes hablan y hablan, pero que cuando tienen delante al destinatario de sus mensajes, callan y callan.

Después de haber hablado en público, Chaves lo volvió a hacer ayer poniendo en valor la «grandeza de liderazgo de Zapatero», después de que un lapsus(¿) le hiciera utilizar mal el tiempo del verbo y hablara como si «José Luis» ya hubiera decidido irse. Pero para desahogo el de José Blanco que después de criticar al PP por haber ido a Sevilla a hacer la ola «al patrón», provoca un maremoto a favor del líder. Confesó Blanco, sin que nadie se lo se pidiera, sentirse «orgulloso» del Presidente para añadir que «no conocí un socialista mejor». Hay quienes sostienen que tanto Blanco como «Alfredo» están ya en el postzapaterismo. Es difícil poder afirmarlo. Lo que si es seguro es que ambos saben que tienen un panorama muy difícil y que ninguno de los dos está seguro que la mejor opción sea Zapatero. Pero esta duda se convertirá en certeza y apoyo si el Presidente dice que continúa. Si el Presidente dice que sigue, nadie levantará la voz en el Partido, pero si puede ocurrir que si las elecciones de Mayo se dan mal, muy mal, al PSOE, algunos vayan a su despacho y le digan algo parecido a «José Luis, debes pensarlo, que esto está muy mal». Al Presidente le deben rechinar los oídos. Por lo que oye desde fuera y por el silencio de dentro, ese silencio que con toda seguridad ha escuchado cuando, en alguna ocasión, haya fijado su mirada en alguien que él sabe a ciencia cierta que «si pudiera me echaba mañana» pese a que haya conseguido un buena dosis de oxigeno con el acuerdo sobre pensiones y jubilación al que, con toda seguridad, se unirá el Partido Popular. El acuerdo es un tanto que el Presidente siempre podrá poner en su haber.

Las especulaciones tienen su riesgo, pero especular sobre Rubalcaba es rozar el límite de la osadía y pensar que Zapatero es poco menos que un zombi dentro del Gobierno y del PSOE es no conocer al Presidente. Zapatero está en plenas funciones. Nada se mueve sin su visto bueno y si no lo da expresamente es porque se sobreentiende. Rubalcaba lo llena casi todo. Es un hombre al que le sientan bien todos los trajes, incluido el de bombero si llegara el caso. Pero no ha llegado y está por ver que llegue.

La política es así. Ahora que hay algunos tembleques, muchos miran al Presidente como sí el fuera el único culpable. Es el máximo responsable, pero no el único culpable. Lo son quienes callan pudiendo hablar, los que le bailan el agua sin creer en él, los que le adulan, los que hablan fuera y callan dentro. Los que le han reído las gracias aunque no tuviera ni pizca de gracia lo que hacía o decía. El poder siempre trae consigo un punto de soledad, alguna que otra traición, amigos inesperados y adversarios inimaginables. Pero que nadie se engañe. Se presente o no a las elecciones, este hombre, el Presidente tiene piel de paquidermo y a día de hoy no ha hecho ni su último movimiento ni ha dicho su última palabra. Tiempo al tiempo.

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