Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Zapatero tiene que anunciar ya su decisión.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Muchas veces, los políticos nos dicen a los periodistas que la gran diferencia entre ellos y nosotros -como si hubiese solamente una_es que ellos administran mejor los tiempos. Casi siempre tienen razón: los periodistas, al afán de la noticia, lo queremos todo ya, sin dilaciones. Sus partidarios más acérrimos decían que Zapatero era un gran administrador de tiempos, calmoso y perspicaz en sus improvisaciones. Decían. Ya no lo dicen: es un clamor dentro del PSOE que el presidente del Gobierno y secretario general del partido tiene que anunciar ya su decisión. ¿Se va? ¿se queda? Y si se va ¿cómo, cuándo? Las respuestas, en poder de un solo hombre, se demoran demasiado y todo el debate político y económico se estanca y enquista a la espera del veredicto que sobre sí mismo se dé el solitario de La Moncloa.

Hace tiempo que expresé mi convicción de que ZP ya tiene decidido no presentarse a la reelección. Creo que, simplemente, no podría hacerlo. Primero, porque pienso que cree íntimamente en la limitación de mandatos a ocho años. Segundo, porque un mínimo de honestidad intelectual -y él la tiene_le impediría seguir gobernando en contra del programa con el que se presentó a las elecciones. Tercero, supongo que le influyen cuestiones personales, a las que ningún inquilino de La Moncloa puede escapar. Lo que ignoro es cómo elegirá a su sucesor -que para casi todos tiene ya nombre_y qué oportunidad elegirá para anunciarlo. Pero mi apuesta va en el sentido de que hasta Mariano Rajoy, con quien el propio Zapatero ha dicho que habla más de lo que nos comunican oficialmente, sabe ya el destino del actual presidente del Gobierno. Se tiene que marchar para que la Historia le haga un hueco más que benévolo hasta favorable.

Es el caso que la al menos para mí ya injustificable tardanza en el anuncio de lo que casi todo el mundo supone está lastrando el ritmo político y salpica desde la convención del PSOE en Zaragoza este fin de semana hasta los preparativos de la llegada -me parece que importante viaje_de la señora Merkel a Madrid dentro de cuatro días. Zapatero vive un momento relativamente dulce, habiendo conseguido un difícil pacto social que recorta los niveles del estado de bienestar de los españoles, pero que parece haber alcanzado, al tiempo, una cierta comprensión de la ciudadanía. Las cajas están que arden, las empresas pequeñas y medianas con el agua al cuello y las estadísticas del paro llegan al cielo, todo eso es verdad: pero también lo es que los heraldos del futuro económico -el último, el presidente de la Caixa, Isidro Fainé_piensan, o al menos dicen, que España es un país prometedor a poco que las reformas empiecen a surtir sus efectos. Y yo al menos quiero creer que así sea.

Ignoro qué cálculos electorales o de oportunidad coyuntural impiden, en este marco, que Zapatero nos diga de una vez que solamente seguirá en el puesto durante esta Legislatura, que no se presentará a la reelección (no creo que se marche antes). Nuevamente da la impresión de estar algo acorralado en su palacio de falsos mármoles y cuadros de Miró y Millares. Aunque esta semana que entra se hará las fotos del gran acuerdo social -que no es el nuevo pacto de La Moncloa, pero algo es algo_y de la gran «reconciliación» con la «jefa» alemana. ¿Por qué no aprovecha para salir por la puerta relativamente grande que aún permanece entreabierta y ser recordado, como un día me dijo el jefe del Gabinete de Mariano Rajoy, como «un buen ex presidente»? Por lo menos yo ya no lo entiendo

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