Victoria Lafora – Paranoia.


MADRID, 29 (OTR/PRESS)

Cuando todo hacía pensar que el PP estaba comenzando a actuar con una moderación más propia de quien se dispone a gobernar el país que de quien se siente instalado en la perpetua oposición, llegan doña Maria Dolores de Cospedal García, secretaria general y número dos del partido, y don Francisco Javier Arenas Bocanegra, presidente del partido en Andalucía y vicesecretario nacional, y se ponen a soltar despropósitos que en nada favorecen las muy fundadas expectativas del Partido Popular. La primera, acusando al PSOE de espiar a su partido en Castilla la Mancha, eso sí, sin una sola prueba. Y el segundo volviendo a las andadas sobre la asociación de etarras y terroristas musulmanes en los atentados del 11M; para lo que se apoya nada menos que en unas supuestas afirmaciones de unos supuestos expertos, o en una también supuesta conversación de Felipe González con Zapatero.

El psiquiatra español González Duro, en su libro «La paranoia», afirma que los factores desencadenantes de esta enfermedad se encuentran muy activos en individuos que presentan un acusado narcisismo y que se han visto expuestos a serias frustraciones.

¿Serán realmente Cospedal y Arenas unos narcisistas frustrados? Tendrían que hacérselo mirar, porque su trastorno delirante y sus manías persecutorias, necesitarían de un tratamiento psiquiátrico urgente. Preguntado al respecto por los periodistas en un acto del PP en Manzanares (Ciudad Real), Rajoy ha dicho que el no es comentarista sino un gobernante. En su respuesta hay algo de anticipación, futurología o delirio de grandeza

También Cristóbal Montoro, como acostumbra a hacer últimamente, ha dado una nota disonante en un momento en que, para el Partido Popular, debería ser primordial aparecer ante los electores como una alternativa dialogante y capaz de pactar, mas allá del sempiterno «no» del que ha venido haciendo gala insistentemente. Pero le resulta dificilísimo desprenderse de esos «tics» que, según mantienen sus estrategas y refrendan las encuestas, tanto rédito le han dado a su partido.

No se ponen de acuerdo. Juegan por libre y no como un equipo, y eso es malísimo. Todo hace sospechar que, a pesar de la euforia que pusieron de manifiesto en su última convención de Sevilla, siguen temiendo que algún tipo de conjunción astral adversa pueda torcerles el objetivo final. No quieren tropezar otra vez con la misma piedra. Y es eso, precisamente eso, lo que les hace titubear entre los apoyos puntuales y las descalificaciones recalcitrantes.

Es el momento de mostrar grandeza de miras, huir de las paranoias y demostrarle a la gente que, por encima de las ansias de poder, por encima de las ventajas partidistas, están los españoles y sus problemas.

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