Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – Los debates no los abre la prensa porque sí.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

Algunos de los dirigentes socialistas reunidos este fin de semana en el «cónclave autonómico» de Zaragoza (mucha «zeta» en las siglas que identificaban esta convención: ZAZ) culpaban a los medios de comunicación de haber abierto «gratuitamente y en falso» el debate sobre la sucesión de Zapatero. De la misma manera que, la pasada semana, ciertos responsables del Partido Popular, de «cumbre» en Sevilla, nos decían a los periodistas que por allí pululábamos que estamos achacando torticeramente al PP el no estar presentando alternativas concretas al Gobierno de ZP, limitándose a esperar a ver pasar ante su puerta el cadáver del enemigo. ¿Somos nosotros, los periodistas, el mensajero, los culpables de la falta de mensaje?¿O somos más bien los que estamos tratando de que ese mensaje exista?

Las acusaciones de ambos bandos me parecen falsas: soy autocrítico con el funcionamiento poco constructivo, en determinados momentos, de los medios, de algunos medios, de este o aquel comentarista (comenzando, claro está, por mí mismo). Pero los debates sucesorios los abren las propias organizaciones políticas, que nos utilizan a los informadores como altavoces, como pretexto o como sordina. Lo que ocurre es que no siempre les salen bien tales pretensiones.

Lo cierto es que en España, en Europa, en el mundo, se han abierto las puertas a nuevos tiempos que irrumpen. Un vendaval que, como ocurrió hace más de veinte años con el muro de Berlín, arrasa con muchas situaciones que, a primera vista, parecían consolidadas. Y, claro está, sucede que, absortos como estamos en la coyuntura del aquí y ahora, mirando el ombligo de las variadas sucesiones de rostros que están pendientes en España -había que ver cómo estaba la prensa dominical: que si sucesiones en el PSOE, en el Gobierno, en el Estado…–, los españoles nos estamos perdiendo la primera fila del espectáculo de cómo cambia el mundo.

Y ahí está el norte de Africa, a no tantos kilómetros de Andalucía, en llamas. Y ahí está el debate sobre el motor europeo, que se repetirá bastante esta semana en España con la llegada a Madrid, tan coreografiada, de la canciller alemana Angela Merkel. O el giro que, bajo la Administración Obama, está experimentando el concepto estadounidense del «Imperio». Menos mal que Zapatero, en su interesante discurso clausurando este domingo la convención de Zaragoza, al menos se acordó de expresar sus buenos deseos para esos países norteafricanos y se mostró menos etéreo que en otros casos a la hora de hablar de la situación del país.

Es el caso que también en España se están produciendo, sin que nos demos demasiada cuenta, giros casi copernicanos, virajes de ciento ochenta grados en relación a lo que conocíamos y vivíamos hace no tantos años: esta misma semana tendremos casi una representación de los nuevos pactos de La Moncloa en torno al acuerdo hilvanado sobre pensiones, primera parte de otros acuerdos en materia laboral y social. El estado de bienestar no va a ser lo que era. Ni el «estado de las autonomías» me parece que va a ser exactamente el mismo tras las elecciones del mes de mayo: imposible mantener intacto el modelo, por mucho que, ayer, Zapatero lo elogiase de manera quizá algo desmedida.

Creo que la ciudadanía entiende mejor todo esto que la epidermis de la clase política, empeñada en delinear reformas casi cosméticas cuando en realidad se requieren intervenciones de cirujano. No había más que ver la «convención ZAZ» (pese, ya digo, a un interesante discurso de ZP), o las propuestas -también de cierto interés– que Rajoy está lanzando en las últimas horas, ya en plan de probable nuevo inquilino de La Moncloa, para darse cuenta de que los responsables de gestionar la cosa pública están frente a la corteza del árbol que no les deja ver el árbol y, menos aún, el bosque del cambio que viene imparable.

O, peor aún, que no se atreven a diseñar los tiempos que vienen con la necesaria crudeza: ahí está Zapatero, reprochando, creo que en primer lugar a los suyos, que se dediquen a hablar más del futuro del PSOE (o sea, del futuro del propio ZP) que del futuro de España. Claro que, antes de que él interviniese, lo hizo el secretario de Organización socialista y aún presidente de Aragón, Marcelino Iglesias, que comenzó su intervención apoyando a Zapatero para las elecciones de 2012 y anunciándole que «respetamos tus tiempos y tu decisión». O sea, que no han sido solamente los medios de comunicación los que hablábamos del ya viejo sonsonete «Zapatero sí, Zapatero no» Y es que, claro, estamos en tiempo de elecciones y hay que cuidar mucho lo que se dice y, si acaso, matar al mensajero que interpreta lo que otros dicen…

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