Carlos carnicero – Gadafi: el bravucón que se apendeja.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

En México, y en otros países de Latinoamérica, apendejarse es echarse para atrás cuando se da un órdago en la vida. Acobardarse. Está ocurriendo en medio de la confusión de Libia. El bravucón, Gadafi, que ha matado todo lo que ha podido y seguramente lo seguirá haciendo, frente a una población civil desarmada, se está apendejando ante los focos de resistencia y de rebelión de alguna de las tribus más importante de este complejo país africano. Y ante el avance que se produce hacia Trípoli de sus opositores.

El bravucón habla y habla desde una retórica hueca de falso profeta de la nada. Ha mantenido sometido a su pueblo gracias a los negocios del petróleo con que dispone su país y que él administra como un bien familiar. Son famosas las broncas y abusos de otros bravucones, como son sus hijos, algunos de ellos formados en la LSE, la legendaria London School of Economics, para utilizar el conocimiento al servicio de la tiranía.

Los pendejos quieren negociar cuando han dejado el país sembrado de cadáveres, la Unión Europea se limita a hacer cuentas sobre su factura del petróleo y el ministro español de Industria anuncia medidas de ahorro energético antes de que se entierren los cadáveres de los civiles Libios asesinados por el tirano. Primero las cuentas, por favor, luego pararemos la matanza.

No hay otra negociación que la rendición de Gadafi y su familia y su entrega a responsables de Naciones Unidas para proceder a un juicio en el Tribunal Penal Internacional por genocidio.

La inmensa fortuna que la familia Gadafi tiene escondida en cuentas bancarias de todo el mundo debe ser definitivamente intervenida y es hora de que el sistema bancario internacional mire la sangre con la que llegan a sus cajas fuertes algunos fajos de billetes. Si los mercados nos cambian la vida y están cimentados sobre la rapiña de los asesinos, no pueden esperar que los ciudadanos les tengamos aprecio. De momento todos estamos también apendejados por los mercados, pero algún día nos podemos convertir en bravucones con estas dictaduras de los capitales.

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