Victoria Lafora – Etica y Periodismo.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

Conseguir que una mujer confiese en un plató de televisión que su marido asesinó a una niña después de haberlo negado en sede judicial no es periodismo. Si además se añade que la protagonista tiene un bajísimo nivel de formación que no le permite defenderse del acoso mediático; que la cadena no tenía la pretensión de ayudar a la Justicia sino simplemente subir su audiencia y por tanto sus ingresos, el asunto merece mayor reprobación.

Pero lo peor es que esta presunta confesión, seguramente pagada, es el colofón a una trágica historia que se ha llevado por delante la vida de una pobre criatura que se cruzó en el camino de un pederasta.

Por si el caso en sí no fuera suficientemente triste, conviene recordar que Mari Luz Cortes posiblemente seguiría con vida si no se hubiera cometido un gravísimo error judicial. Al asesino, al que ahora ha denunciado de tan mala manera su propia mujer y en tan inapropiado lugar, le habían condenado por abusar de su propia hija, pero un juez de Sevilla, Javier González, tardó tres años en confirmar la pena.

Otro juez, en este caso Rafael Tirado Márquez, alegando exceso de trabajo y que una funcionaria había estado cinco meses de baja, no llegó a ejecutar nunca la sentencia. Por todo ello, un pederasta con varias condenas a sus espaldas no llegó nunca a pisar la cárcel.

La mujer, que ahora ha montado el numerito de acusarle en un estudio de televisión de la cadena Tele 5 (dinero de por medio), es la misma que le ayudó a escapar y que siguió viviendo con el tras abusar de su hija.

La pregunta clave es si un medio de comunicación, aunque sea en un programa dedicado al espectáculo, puede incluir el testimonio de una implicada en un caso pendiente de sentencia judicial donde se dirime el asesinato de una niña.

Al margen del reproche ético que pueda suscitar la falta de respeto ante el dolor de unos padres que han pasado por semejante tragedia, la «confesión» en un plato de televisión, cuando se han negado los hechos en sede judicial, se convierte en una mofa a la Justicia que por tantos y tan penosos avatares ha pasado en este caso.

Perder a un hijo es lo más dramático que le puede ocurrir a una ser humano, pero las circunstancias de este caso lo hacen especialmente horripilante. Juan José Cortés, el padre de la pequeña, que demostró una templanza admirable en medio de la tragedia, no se merece esta burla final, cuando está a punto de acabar el juicio que tanto había reclamado.

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