Francisco Muro de Iscar – Jóvenes sin futuro.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Zapatero se ha reunido con los grandes empresarios españoles por segunda vez y promete hacerlo en más ocasiones. Bien está que escuche a las grandes empresas españolas, pero haría bien también en buscar lo que piensan los pequeños y medianos empresarios, que son los que más empleo crean, los que tienen en sus manos que España se recupere, si el Gobierno les provee de las condiciones mínimas para poder hacerlo sin que sea un empeño utópico. En la reunión de ayer, por cierto con sólo una mujer entre cuarenta grandes empresarios, todo un dato de la realidad social, se habló de formación y de competitividad y el presidente, apoyado inmediatamente por Emilio Botín anunció un programa de becas para que 30.000 jóvenes trabajen durante seis meses en empresas cobrando 400 euros al mes y de forma compatible con su formación teórica. También habló de un plan de formación de trabajadores en grandes empresas. Buena idea, insuficiente, que me gustaría poder analizar dentro de unos meses para saber si ha funcionado o si es otro brindis al sol.

El primer problema de España no es el desempleo -que ha aumentado desde la última visita de los empresarios a La Moncloa y que angustia a casi cinco millones de españoles- ni el sector financiero -cada día con nuevos agujeros negros- ni la carencia de un modelo económico o industrial -cada día más evidente-. El nuestro es un problema de competitividad, de formación, de educación. Y si eso no lo resolvemos ahora, dentro de quince o veinte años España tendrá mejor pasado que presente. El ministro de Educación parece que se ha rendido, como los anteriores, y sus 17 planes de mejora educativa -ordenadores en las aulas, más plazas de 0 a 3 años, lucha contra el abandono escolar, modernización de la FP, etc.- se van al traste al relevar a las comunidades autónomas de su obligación de contribuir con un 50 por ciento a esos programas. Todo queda a lo que puedan hacer con la aportación del Gobierno central. Era poco y nos quedamos sin casi nada, porque las autonomías no tienen un duro y les prohíben endeudarse más.

Sin una apuesta por la competitividad desde la base, es decir, desde la educación, no hay nada que hacer. Tenemos más universitarios que la mayor parte de los países de Europa, en gran medida desempleados, pero estamos diez puntos por debajo de la media europea en estudiantes de Formación Profesional. Nuestro nivel de paro juvenil duplica la tasa general de desempleo. ¿Cómo va a ser competitivo un país sin profesionales de grado medio y en el que 1.600.000 jóvenes entre 16 y 29 años, el 30 por ciento del total, ni estudia ni trabaja según la Encuesta de Población Activa? No se puede salir de la crisis sin solucionar esto. No hay esperanza para la mayoría de los jóvenes: ni tendrán trabajo ni podrán independizarse ni una vida propia. Ese es el gran problema. Y de eso no se habla.

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