Francisco Muro de Iscar – Debajo de las alfombras.


MADRID, 26 (OTR/PRESS)

A la espera de la EPA más temida, la próxima campaña electoral promete mucho. Pero a mí me interesa más el día después, cuando, previsiblemente, lleguen nuevos Gobiernos y empiece un deporte muy practicado, pero que ahora resulta obligatorio: mirar debajo de las alfombras y descubrir lo que ocultan. Los programas electorales van a hablar más de enemigos que de promesas y seguramente nadie se atreva a anunciar, salvo que quiera perder, que vienen tiempos de recortes duros, de despidos en las empresas públicas, aumento de impuestos y, en todo caso, aplazamiento de grandes reformas. Cinturones superapretados. En este caso, lo malo, igual que cuando se pierde un partido, no es ganar sino la cara que se les va a quedar a algunos cuando levanten las alfombras y descubran el regalo envenenado.

Miren si no a Cataluña. Artur Más llegó exultante y ahora no hay día que no se ponga de los nervios y deba afrontar una solución de emergencia para un problema irresoluble a corto plazo. A los recortes en sanidad, que han provocado un gran malestar social, se suma ahora el anuncio de que se van a reducir las plantillas de las empresas públicas en un 5 por ciento, es decir, 2.500 personas más a engrosar las listas del desempleo, y un 6 por ciento el gasto. Y luego, lo que viene es la desaparición de algunas de esas empresas, cuyo número se duplicó durante el glorioso mandato del tripartito que encabezó José Montilla. Además de no dejar un duro en las arcas públicas ni para pagar a los funcionarios, la herencia recibida afecta también al sector privado. En la industria, sólo en enero y febrero, la Generalitat autorizó 544 expedientes de regulación de empleo y las farmacias catalanas prevén despedir entre 2.000 y 3.000 personas, después de ver cómo los recortes del gasto hunden su negocio. Ahora Más estudia nuevas y originales fórmulas de financiación de infraestructuras: que las construyan hoy las empresas privadas y que cobren… cuando se pueda… Va a haber cola. Cataluña no es «otro país», sólo una muestra de la realidad española.

No se preocupen, en la campaña electoral no se hablará de austeridad ni de los grandes problemas de la España de hoy: la duplicación innecesaria de organismos que hacen la misma función, el crecimiento desbordado del número de funcionarios y de empresas públicas, la multiplicación disparatada del número de asesores digitales, el desmadre de las empresas públicas el despilfarro en el gasto… Unicamente en Cataluña se discute hoy sobre recortes concretos. En el resto de las comunidades no se hablará largo y tendido sobre ello hasta el 23 de mayo. Menos dinero, los nuevos gobernantes se van a encontrar de todo debajo de las alfombras. Si no fuera porque esto de estar en política y de aspirar a un cargo, y hasta agarrarse a él con uñas y dientes, es libre, estaría por compadecerles… Pero hay muchos que siguen a rajatabla eso de «¡yo por la política, mato!».

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