Julia Navarro – Escaño Cero – Cuarenta minutos.


MADRID, 3 (OTR/PRESS)

Cuarenta minutos es lo que tardaron los comandos norteamericanos en asaltar la casa en que se encontraba Osama Bin Laden. Cuarenta minutos tardaron en tenerle frente a frente y matarle. ¿Pudieron hacer otra cosa? Me refiero a si pudieron detenerle y llevarle ante la justicia.

Ya sé que el solo hecho de plantear está posibilidad sorprenderá a muchos, pero si creemos en el Estado de Derecho hasta un fanático asesino como Osama Bin Laden tiene derecho, o hubiera tenido derecho, a comparecer ante un tribunal. Un tribunal que naturalmente en vista de las terribles y sangrientas hazañas de Bin Laden habría dictaminado con severidad el castigo merecido.

Pero es tanto el daño que ha hecho Bin Laden, ahí está la voladura de las Torres Gemelas de Nueva York, pero también la puesta en marcha de Al Qaeda que ha ido sembrando de muerte el mundo entero, que difícilmente alguien se para a preguntar si fue posible detenerle con vida y llevarle ante la Justicia.

En realidad, todo el mundo ha sentido alivio al saberle muerto, como si de esta manera el mundo fuera un lugar más seguro. Yo, no es por aguar la fiesta, no las tengo todas conmigo. Y es que Bin Laden puso en marcha Al Qaeda y es la nueva Yihad encaminada a acabar con Occidente, pero esas ideas fanáticas y asesinas desgraciadamente han anidado en sus seguidores.

Sin duda, Al Qaeda ha perdido a su más preciado símbolo pero, creo yo, eso no va a hacer que los fanáticos se retiren a sus cuarteles y de ahora en adelante entren en la senda de la razón.

Durante más de una década Bin Laden ha jugado al ratón y al gato con Occidente, sobre todo con Estados Unidos, burlándose de quienes le buscaban por todos los rincones. Parecía imposible encontrarle y mucho menos que en su entorno alguien le traicionara. Pero está claro que «alguien» ha tenido que dar la pista definitiva de dónde se encontraba.

Ahora sabemos que cuarenta minutos, sólo cuarenta, fueron suficientes para acabar con el hombre que puso en jaque a Occidente, que desató las furias de la guerra, que inoculó el miedo en millones de seres humanos que no sabían ni dónde ni cuándo iba a atacar.

No estoy segura que el mundo sea hoy más seguro, aunque sin duda la desaparición de Bin Laden sea una buena noticia por lo que tiene de símbolo.

Desde luego, con la muerte de Osama Bin Laden, el presidente Obama se ha apuntado un tanto político que deja desarbolados a sus más acérrimos adversarios. Ha sido durante su mandato cuando se ha acabado con el hombre que dejó una siembra de horror y muerte a lo largo y ancho del mundo, y eso es algo que los norteamericanos no van a olvidar. Acabando con Bin Laden, Obama ha vuelto a hacer Historia, más allá de que nos preguntemos qué va a pasar ahora, o si realmente no fue posible llevarle ante la Justicia.

En mi opinión, habría sido más espectacular no sólo detenerle sino hacerle comparecer ante los tribunales aunque sin duda eso le convertiría en un héroe para sus millones de seguidores.

En cuarenta minutos han acabado con la vida de un hombre cuyo solo nombre causaba terror en unos y admiración en otros. Y por si fuera poco han enviado su cadáver al fondo de mar para impedir que haya tumba a la que pudieran peregrinar sus seguidores.

Bin Laden ha desaparecido con la misma rapidez con que irrumpió. Hoy es un cadáver en medio del océano, y eso le resta grandiosidad. Han matado a un asesino. Aún así, permitanme que me pregunte si en esos cuarenta minutos alguien se planteó la posibilidad de llevarle ante la Justicia o simplemente hicieron lo que creían más eficaz, acabar con el hombre, para así intentar acabar con el símbolo.

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