Esther Esteban – Más que Palabras – Lorca y la solidaridad.


MADRID, 13 (OTR/PRESS)

Ha sido una explosión de solidaridad. Toda España se ha sentido Lorca y se ha unido al dolor de un pueblo con el que la madre naturaleza se ha cebado. La tierra tiembla y nos hace temblar a todos. Tiemblan los cimientos de los edificios pero no debe temblar la fortaleza de la sociedad. Lo peor, sin duda, esas nueve víctimas y los centenares de heridos pero, tras el luto, ha de empezar la reconstrucción y debemos ponernos manos a la obra. «El terremoto ha sido fuerte, pero este país lo es más», ha dicho el presidente Zapatero y tiene razón. Somos fuertes y sabemos, como nadie, crecernos en la adversidad, pero también la experiencia nos dice que cuando se apagan los focos y las noticias dejan de ocupar las primeras páginas de los periódicos las promesas se olvidan y se suele dejar a los ciudadanos abandonados a su suerte.

Según los primeros datos, un 17 por ciento de los edificios inspeccionados (cuando aún solo se había revisado un 40 por ciento del total) tendrán que ser demolidos o apuntalados. El patrimonio histórico lorquino ha sufrido unos daños catastróficos y miles de familias se han quedado sin nada, por lo que las ayudas aprobadas en el Consejo de Ministros tendrán que ser rápidas y eficaces para amparar a la población. Justo es decir que ver a todos los partidos políticos remando en la misma dirección, suspendiendo la campaña electoral y coordinando las acciones ha sido un pequeño soplo de aire fresco, que sienta muy bien. Primero porque estamos en plena campaña electoral y era difícil que no se aprovechara la desgracia para hacer electoralismo barato y, segundo, porque dado el nivel de crispación y enfrentamiento político, ver como se ha coordinado el gobierno municipal, autonómico y central para afrontar la catástrofe le hace a una recuperar un hilo de esperanza en nuestra clase política. Eso es exactamente lo que piden los ciudadanos, a quienes repugna cada día más que los políticos se tiren los trastos a la cabeza en vez de aportar soluciones. Eso es exactamente lo que reclaman cuando advierten en las encuestas que la política se ha convertido en un problema en vez de en una solución y eso es exactamente lo que quieren que sea la norma y no la excepción.

Por eso, es necesario que cuando se apaguen los focos y las cámaras, cuando el terremoto de Lorca sea el pasado, las promesas no queden en palabras huecas, sino en hechos ciertos. Es verdad que ahora hay que hablar de prevención, de qué hacer para minimizar los daños cuando la tierra ruge en la zona sísmica más caliente de nuestra Península. Hay que sacar alguna consecuencia positiva de los hechos y los datos hablan por sí solos: siete de los nueve fallecidos murieron a consecuencia del desprendimiento de cornisas, tejados y piezas ornamentales de las fachadas, por lo que habrá que ver si la normativa arquitectónica es suficiente para tales desgracias. Se nos ha dicho que en las construcciones más recientes se ha cumplido la legislación antisísmica prevista, pero no es normal que un terremoto de una magnitud 5 en la escala de Richter tenga los efectos devastadores que este ha tenido.

Así pues, no está demás plantearse si las medidas de prevención y seguridad son suficientes cuando llega la hora de la verdad. Mientras tanto, hay que dar respuesta a todos esos dramas que están detrás de cada una de las historias de miedo y dolor, con el factor añadido de que Lorca tiene un alto índice de población inmigrante que no tiene familia ni recursos para afrontar esta situación. ¡Ojala! dentro de unos meses no tengamos que hablar de promesas incumplidas y de que la solidaridad y complicidad de los políticos en las primeras horas fue un simple espejismo que duró lo justo para salvar la cara de nuestros políticos.

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