Carlos Carnicero – ¡Democracia ya!, mirando hacia atrás sin ira.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Es una constante histórica que cada generación mire hacia atrás con recelo. Es como si los más jóvenes pisaran siempre los talones al considerar que no hay sitio para todos. Es la ley de la vida y la ley de la naturaleza. Nada nuevo.

Hay algunas realidades que son difíciles de asimilar. Una de ellas es la democracia 2.0; al principio ocurrió igual con la televisión, como antes había sucedido con el telégrafo. Cada tecnología tiende a aparcar la anterior y quienes las manejan quieren liderar la sociedad.

En Mayo del 68 los padres miraban aterrorizaban a sus hijos y decían más o menos las mismas cosas que se dicen ahora: «Los jóvenes no saben proponer; sólo saben protestar». La realidad es, a mi juicio, que el sistema, lo profundo, las raíces del sistema, tienden a devorar todo lo que puede modificarlo.

Quién está detrás de ¡Democracia ya! Pues sencillamente quienes tienen razones para estar. Los jóvenes en paro que alcanzan el cincuenta por ciento en algunas comunidades, personas que han perdido su casa hipotecada, gente que no encontrará jamás empleo y gente que ya no tiene ni ganas de buscarlos.

Mucho desencantado de la connivencia de los partidos con los mercados. Lo venían anunciado las encuestas del CIS: los ciudadanos no sólo no se sienten representados por los partidos tradicionales sino que empiezan a pensar que son un problema de la democracia.

¿Por qué tener miedo a las redes? Tal vez porque no existe un Consejo de Administración de Internet que pueda despedir a quien no sea un ortodoxo de un sistema que es heterodoxo en sí mismo. ¡Hay alguien detrás, esto no es espontáneo!, gritan alarmados los bienpensantes. Nada es espontáneo o todo lo es: ¿no quedamos en que los mercados y los sueldos de los ejecutivos no necesitan regulación? Por qué controlar Internet cuando la economía se atreve a controlar nuestras vidas.

Hay una distancia generacional que es complicada de superar, sobre todo cuando se tiene la soberbia de pensar que se tiene razón por haber nacido antes. A este movimiento le faltan cosas, cómo no podía ser de otra manera a algo que acaba de nacer: llenar la red de contenidos inteligentes y de metas posibles: entonces, los partidos y las instituciones tendrán que cambiar si quieren sobrevivir. Y la indignación se convertirá en rebeldía y ésta en proyectos que podrán transformar el mundo, quitando el mando a distancia de los que se creen elegidos. ¡Que se preparen!

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