Esther Esteban – Más que palabras – Picha brava DSK y sus compinches


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

Dominique Strauss Khan es un mujeriego, un machista de la peor calaña y además un acosador, violador, maltratador -¡bueno diré «presunto» para hacer la cosa políticamente correcta- pero además es un hombre poderoso y eso le ha valido durante muchos años para creer que tenia impunidad y también inmunidad. Era un secreto a voces que su insana obsesión por las faldas le convertía en un depredador, hasta el punto de que era incapaz de controlar sus instintos. Hasta su propia esposa ha reconocido que cada vez que iban a una cafetería o a un lugar publico, lo primero que hacia era mirar de un lado a otro para otear posibles presas y si podía iniciar la caza.

Claro que todo se la ha ido perdonando a este viejo verde con el argumento de que tiene una mente privilegiada y es un lince también para eso de las finanzas. A mi me da igual que sea socialista -que lo es- o que fuera de un partido conservador porque no creo que en esto de pensar con las partes bajas tenga mucho que ver la ideología. Actúa con la bragueta y no creo que para proceder con «salva sea la parte» necesite ser socialdemócrata, ni tenga prejuicios ideológicos.

Lo que más me molesta de este asunto -además del hecho en sí- es la tibieza con la que sus compañeros de partido y sobre todo sus compañeras, mujeres de izquierdas y con un discurso feminista curtido durante años, han tratado el escándalo del mandamás del FMI ¿Como se enciende que Sergolene Royal y otras mujeres del PS Frances hayan salido a defenderle? ¿Como es posible que nuestra vicepresidenta diga sin mas que «tiene un carácter muy fuerte? ¿tras apelar, eso si a la presunción de inocencia, que por supuesto la tiene él y cualquiera?.

Me considero feminista porque estoy orgullosa de ser mujer, y creo que el camino hacia la igualdad está todavía repleto de obstáculos como para seguir en la lucha, pero no me siento identificada ni nunca lo he estado con esos movimientos que plantean la cuestión del género unida solo a las ideologías de izquierda, simplemente porque no es cierto.

Casos como el del poderoso DSK han provocado la dimisión de muchos políticos de todos los colores, en todos los países y digo «dimisión» porque el presidente del FMI lo menos que podía haber hecho por vergüenza torera y para preservar el buen nombre de la institución que representa era dimitir antes de entrar en prisión. Es verdad que no es lo mismo mantener sexo consentido que a la fuerza y que estos escándalos sexuales tienen una diferente repercusión según los países. A Bill Clinton no se le acusó penalmente por el numerito con la becaria en el despacho oval, sino por un delito de perjurio, por haber engañado a los ciudadanos negando inicialmente tal relación. A Berlusconi ha sido la prostituta Ruby R. quien le ha desenmascarado, y el expresidente israelí Moshe Katzav puede pasar hasta 16 años en prisión por violación y acoso sexual a dos funcionarias. En todos los casos hay un evidente abuso de autoridad en hombres que se creen intocables por el poder que manejan y a mí esa actitud me repugna y lo de menos son las siglas del partido que representen.

Aun en el supuesto de que al picha brava DSK le hubieran puesto una trampa y fuera cierta esa teoría de la conspiración, jamás hubiera actuado como lo hizo de no ser un depredador sin escrúpulos. La pregunta es porque gente con este perfil llegan tan alto, aunque la sombra de la sospecha les persiga permanentemente y porque la vara de medir sobre todo de las mujeres es tan distinta según los casos. Tal vez sean hombres inteligentísimos, pero a mi me parecen pobres hombres despreciables y repugnantes dicho sea de paso. Son hombres excepcionales intelectualmente pero fácilmente manejables y manipulables: «un buen polvo y a correr», que diaria una amiga mía.. Por eso son tan peligrosos ellos y sus compinches que les bailan el agua.

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