Julia Navarro – Escaño Cero – Indignados.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

No sé si cuando Stéphane Hessell escribió su libro «¡Indignaos¡» pensó que de un momento a otro miles de ciudadanos se dejarían llevar precisamente por la indignación ante la falta de respuestas de sus políticos.

El caso es que lo peor que puede suceder es que los ciudadanos dejen de creer en las instituciones, por eso los partidos políticos democráticos deberían de tomar buena nota del inmenso descontento ciudadano.

El pasado fin de semana miles de personas salieron a las calles de toda España reclamando «democracia real» y arremetiendo contra la corrupción y los partidos. Jóvenes y jubilados, amas de casa, profesionales en paro, estudiantes, obreros, todos salieron a la calle para gritar que están hartos y mostrar su indignación.

A los partidos de izquierda esa explosión social les ha pillado de improviso y no terminan de saber qué respuesta deben de dar. El PP, sin embargo, se frota las manos pensando que los que salieron tienen más que ver con la izquierda y que por tanto su indignación a quien perjudica es al PSOE. Se equivocan los populares. Y se equivocan porque la gente que salió a la calle está indignada con toda la clase política sin excepción. Son personas que han dejado de creer que los partidos tengan solución a sus problemas y, además, cuestionan la eficacia de las instituciones y denuncian algunos aspectos del sistema.

En el PSOE se han visto sorprendidos por la fuerza de esos descontentos y en Izquierda Unida se preguntan cómo canalizar la indignación de los manifestantes en votos para la coalición.

Lo cierto es que muchos de los que acudieron a manifestarse lo hicieron porque han perdido la confianza en las instituciones, porque no creen que los partidos puedan resolverles los problemas, porque están asqueados de los casos de corrupción, porque creen que vivimos en una democracia formal pero no real.

Si los políticos no vivieran encerrados en su propio mundo sabrían que esos son sentimientos comunes en buena parte de la gente. Si los políticos se bajaran de los atriles desde los que mitinean y de verdad se mezclaran con la gente comprenderían su desesperación.

La gente está harta y han salido a la calle para dar un toque de atención, y ahora la pelota está en el tejado de los políticos. Porque lo de las redes sociales es muy moderno y está muy bien, pero no puede suplantar los resortes del Estado democrático. De manera que los responsables políticos lo que tienen que hacer es intentar resolver los problemas que acucian a millones de personas desesperadas, canalizar esas inquietudes dando respuestas.

Creo que lo peor que pueden hacer los unos y los otros es pensar o bien que no va con ellos o que es una indignación pasajera. Son muchos miles de personas las que se han movilizado en nuestro país, pero también en otros países y con los motivos más dispares. Hay una primavera de indignados, unos que exigen libertad y democracia en unos países, otros que reclaman que el Estado de Derecho dé respuestas a sus problemas, y todos, eso sí, indignados contra ese capitalismo de casino que ha sumido al mundo entero en la peor crisis que se ha conocido. Sí, hay millones de ciudadanos indignados.

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