Rafael Martínez-Simancas – Sin etiqueta – El dragón dormido.


MADRID, 17 (OTR/PRESS)

No suele ser muy conveniente molestar a los dragones que dormitan en las cuevas. La mitología está llena de escenas de pobres diablos que osaron turbar la paz del monstruo y acabaron bastante mal, salvo honrosas excepciones pero no todo el mundo maneja la espada como San Jorge. El llamado «Movimiento 15 de marzo» aglutina a aquellos que están hartos y que en el sistema no encuentran una respuesta, un amplio colectivo que va desde parados a amas de casa pasando por profesionales liberales insatisfechos y mileuristas en empresas que amenazan derrumbe. Creer que todos ellos son peligrosos rompe-escaparates es mirar a la realidad con un ojo tapado. El dragón es la sociedad y los que la han despertado son los políticos que lejos de preocuparse por solucionar problemas se aferran al sillón no fuera que les tocara trabajar.

Injusticia por injusticia no todos los que se manifiestan y acampan en la calle son botarates que van contra las leyes, así como tampoco todos los políticos que se presentan a las elecciones pertenecen al colectivo de corruptos sin fronteras divididos en «gurtelianos», «orejetas», «pretorios» y «malayos». En realidad, a los acampados se les puede poner una leve multa por alterar el orden público (orden que a las cinco de la mañana en la Puerta del Sol tampoco debía estar muy alterado), pero a los gobernantes se les pueden pedir mayores responsabilidades. Hay motivos para exigir cuentas: la cerrazón ante la crisis, los recortes sociales, una campaña de peleas sin propuestas, el abultado parque de coches oficiales, su negativa a las listas abiertas o a reformar la Ley Electoral. Existen un cerro de argumentos que podrían llenar las páginas de los libros de reclamaciones en caso de que fueran admitidas las quejas ciudadanas. Pero por encima de ellas está la sordera de una clase política que relevándose entre ellos creen que hay alternancia real. No se han enterado de que el problema no es quién ocupa la silla si no la silla misma que no genera ninguna confianza.

No se puede considerar por peligroso antisistema a todo aquel que señala aquello que no le gusta, malo es cuando el debate se traslada de los parlamentos y asambleas a las acampadas pero, ¿han dejado otro sitio para poder expresarse? Tendrán que revisar sus modos y modelos porque en la comunicación han fracasado. Estaban convencidos de que el dragón nunca despertaría de su cómoda siesta a menos de que un equipo de fútbol ganara una final y se han visto superados por una gente que les planta cara porque no es que tengan motivos, ¡es que les sobran!, (como en la canción de Sabina).

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