Antonio Casado – La sombra del «dedazo».


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

La acusación de «dedazo» en toda regla es pedrada recurrente contra la apuesta por Rubalcaba como aspirante socialista a la Moncloa. Nada diferente a la designación de Rajoy por Aznar en el verano de 2003, según eso. Discrepo. No es lo mismo, aunque las apariencias condenen a los aprendices de brujo. Demasiados rodeos para desembocar en el cierre de filas como la menos mala de las soluciones en un PSOE convaleciente.

Ojo con las comparaciones. Son odiosas entre quienes salen perdiendo en la comparación. Pierde el PP, donde el dedo de José María Aznar derogaba cualquier otra consideración sobre el modo de elegir a su heredero en el partido y en el Gobierno. De eso se trataba, aunque luego a Rajoy se le complicaran ambos procesos. De hecho había una terna (Rajoy, Oreja y Rato) y un único dirigente con capacidad de designar, al margen de lo que pensaran los militantes u otros dirigentes del PP. Todo ello sin necesidad de transgredir la normativa del partido.

Según las normas internas del PSOE, de momento, es preceptiva la convocatoria de unas elecciones primarias internas en las que la militancia de base elige al candidato a presidente del Gobierno después de una confrontación electoral entre dos o varios candidatos. Si los hay. Y si no los hay, queda proclamado el único en postularse por las diferentes vías previstas (Comité Federal y avales de los militantes, básicamente).

Es cierto que Rubalcaba fue propuesto por el secretario general ante el comité federal, pero lo determinante no fue la propuesta de Zapatero sino la decisión unánime del órgano depositario de la voluntad de loa militantes entre congreso y congreso. Tampoco creo que sea necesario insistir en la notoria pérdida de autoridad interna del todavía líder del PSOE tras el anuncio de retirada. ¿A alguien se le pasa por la cabeza que sólo por ser Zapatero hubiera salido adelante una propuesta distinta? En cambio sí pudo haberlo hecho Aznar con Oreja o Rato, por ejemplo, y nadie se lo hubiera discutido, al menos en público.

Es un sarcasmo hablar de «dedazo» de Zapatero, aunque sólo sea porque en estos momentos su autoridad se ha desplomado en el ranking de las relaciones de poder. En todo caso el «dedazo» sería el de Rubalcaba para mantener a Zapatero en la Secretaría General y el no el de Zapatero para designar a Rubalcaba como candidato a encabezar el cartel socialista de las próximas elecciones generales.

Si el dedo de Zapatero no ha servido para mantener la apuesta de Chacón en el previsto careo político y generacional, menos iba a servir para imponer unilateralmente a su propio sucesor. Y tampoco es que hubiera otras alternativas, como las hubo en el PP en 2003. En el caso que ahora nos ocupa, todos los nombres que podían haber optado a tomar el relevo de Zapatero al frente del PSOE están aplaudiendo con las orejas la solución Rubalcaba.

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