Cayetano González – El interés de España.


MADRID, 30 (OTR/PRESS)

El PSOE ha taponado como ha podido el boquete que las urnas le había producido el 22-M. Lo ha hecho por la vía rápida, designando sucesor de Zapatero a quien es el mejor valorado por los militantes y votantes socialistas. Pero en este empeño, el todavía secretario general del partido se ha dejado muchos pelos en la gatera. Fundamentalmente, el poder presumir que en su partido -a diferencia de en el PP- no había «dedazo» para designar sucesor. El canto a la democracia interna a la que eran tan dados en el PSOE con el sistema de primarias ha quedado enterrado de por vida, porque ¿qué diferencia hay entre el «dedazo» de Aznar sobre Rajoy a finales de agosto del 2003 y el de ahora de Zapatero sobre Rubalcaba?

El PSOE habrá arreglado un problema interno, pero lo ha hecho pensando única y exclusivamente en sus intereses y no en el de todos los españoles. Si hubiera optado por esta segunda posibilidad, además de elegir sucesor de Zapatero, este habría mandado alguna señal sobre lo que la opinión pública desea de forma mayoritaria: un adelanto electoral al otoño para que los ciudadanos puedan decidir si conviene dar paso a una alternativa distinta al actual Gobierno. Todo lo contrario. Zapatero ha dicho que su propósito es agotar la legislatura y por lo tanto que las elecciones generales tengan lugar en marzo del año que viene. Otra cosa es que la delicada situación económica en la que nos encontramos, los mercados internacionales, la Unión Europea; es decir, las circunstancias externas que influyen y mucho en nuestra actual situación le obliguen a Zapatero a desdecirse de ese propósito de agotar la legislatura.

Tampoco en el PP andan muy sobrados de mirar por los intereses generales antes que por los propios. Más parece que siguen en su estrategia de desgaste del adversario, lo que visto lo que han dicho las urnas el 22-M, no les ha dado mal resultado. Porque los populares tienen en sus manos un instrumento plenamente constitucional que es el de la moción de censura. Parece lógico que si los españoles han censurado contundentemente hace nueve días al Gobierno y al PSOE, el principal partido de la oposición debería rematar esa jugada en el Congreso de los Diputados. Una moción de censura que Rajoy podría presentar con un solo punto en su programa: si la gana, al día siguiente, como presidente del Gobierno, se comprometería a convocar elecciones.

Pero ya se sabe que desde hace un tiempo, los partidos políticos en España suelen anteponer sus intereses a los de los ciudadanos. Ahí radica una de las causas, no la única, del hartazgo hacia la clase política y que en estas últimas elecciones tuvo una traducción francamente significativa en ese casi millón de votos en blanco o nulos. Una cifra sobre la que ninguno de los dos grandes partidos ha querido decir nada. Por algo será.

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