Antonio Casado – El equipaje de Rubalcaba.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Quince años antes del grito de la indignación, apadrinado por Stephane Hessel y José Luis Sampedro, y proferido por miles de personas en las plazas españolas, la entonces senadora socialista y catedrática de Etica, Victoria Camps, escribía:

«La deslegitimación de los gobiernos no tiene su causa sólo en transgresiones de la ley denunciadas y sentenciadas por los jueces. Es la incoherencia ideológica, el incumplimiento de lo prometido, la inacción política, la omisión de respuestas, lo que desilusiona a los electores y hace cundir el descrédito».

Ahí tiene el candidato socialista a la Moncloa, Pérez Rubalcaba, una sólida referencia argumental para acometer uno de sus dos grandes retos programáticos: no dejar sin respuestas a los acampados en la Puerta del Sol y otras glorietas de nuestra geografía urbana. El otro reto es explicar con claridad en qué consiste ser de izquierdas a estas alturas del siglo XXI lo que, a mi juicio, pasa entre otras cosas por redefinir la Socialdemocracia y asumir el espíritu de los indignados.

Son tareas que le cuadran al guión de la Conferencia Política que el PSOE llevará a cabo a primeros de septiembre y de la que tiene que salir el equipaje de Rubalcaba. Diseñado en función de sus aspiraciones políticas, orientadas al intento de ganar las próximas elecciones generales. Me refiero al programa, el proyecto, los contenidos, las respuestas, que llenen las alforjas del candidato socialista en ese viaje que acaba de iniciar con fe en la remontada. «Solo os pido que estéis tan convencidos como yo de que vamos a ganar las elecciones», les pidió a sus compañeros de partido cinco minutos después de ser propuesto por unanimidad en el Comité Federal del PSOE.

Dos retos: redefinir la izquierda y ofrecer respuestas a los acampados. Pero antes Rubalcaba tiene que cubrir otros dos retos. El primero, motivar a los militantes en la distancia corta. En eso está. Y el segundo, lograr que la militancia, una vez vencido el desaliento, sea una buena correa de transmisión para contagiar al no menos desalentado votante socialista.

No lo tiene fácil. De momento le sale al paso una mala noticia. Las encuestas publicadas el fin de semana fueron insensibles al llamado efecto Rubalcaba. Reportan una ventaja del PP sobre el PSOE de más de 13 puntos en estimación de voto. Con un Zapatero absolutamente desbordado por los acontecimientos, el cambio de montura en la causa electoral no es un estímulo precisamente endeble. Y sin embargo no ha habido reacción. El estímulo no es endeble pero puede haber sido prematuro. Me refiero al cálculo de sus efectos en la ciudadanía, puesto que el trabajo de campo de estos sondeos se hizo cuando apenas unas horas antes Rubalcaba acababa de iniciar su bien planificada gira por las distintas organizaciones territoriales del PSOE. Esta semana le esperan Cataluña y el País Vasco.

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