Fermín Bocos – El Príncipe y la republicana.


MADRID, 6 (OTR/PRESS)

Sucedió en Navarra, tierra de gente noble que suele hablar por derecho. Tras presidir un acto oficial en Pamplona, el Príncipe de Asturias se encontró en la calle con una situación no prevista en el protocolo. Una joven se le encaró lanzando una soflama a favor de la República. Con buen tono y sin perder la calma, don Felipe la contestó: «Por mecanismos democráticos todo es posible». Después, al tiempo que tendía la mano a la joven, añadió la frase que más se ha destacado al narrar el incidente: «Has conseguido un minuto de gloria».

Los tiempos cambian. No recuerdo nada parecido en los treinta y tantos años de reinado de don Juan Carlos si exceptuamos la bronca que en los albores de la Transición le montaron los «batasunos» en ocasión de la primera visita oficial del Rey al Parlamento de Vitoria o los abucheos desde la grada en el transcurso de algún partido de fútbol celebrado en tierras valencianas.

El episodio de Pamplona no tiene mayor trascendencia, pero podría ser un síntoma. Síntoma de que pese a ser la Monarquía una institución bien valorada por la mayoría de los ciudadanos, no es menos cierto que para algunos sectores de la población la República no es una opción desdeñable. Por los demás, es idea comúnmente admitida que en España hay mas «juancarlistas» que monárquicos y de ahí se derivan algunas incertidumbres políticas. La Monarquía parlamentaria en la que el Rey reina, pero no gobierna -aunque la Constitución le otorga gran poder pues arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones-, ha cumplido sobradamente las expectativas nacidas en los años germinales de la Transición. Sin duda, ha sido la personalidad de don Juan Carlos la que ha contribuido sobremanera al crédito popular que hoy mantiene la Corona. Su forma de ser, su actuación decisiva el 23-F y la buena imagen y la buena prensa de la que ha gozado siempre han sido los factores desencadenantes de ese logro. Buena prensa, porque -digámoslo pronto- siempre ha contado con un alto grado de discreción, responsabilidad y lealtad por parte de la mayoría de los periodistas. Fuesen o no monárquicos.

Por eso causó tanta sorpresa la bronca del otro día, tras la audiencia con los empresarios. Nunca don Juan Carlos había tenido una salida de tono de semejante guisa. Injusta salida, porque bastaría con repasar la línea editorial y los criterios con los que la prensa de las islas refiere las cosas de la Familia Real británica para comprender hasta qué punto la española ha gozado siempre de un trato exquisito. Y no ha sido por falta de noticias. En fin, volviendo al diálogo entre el Príncipe y la republicana navarra, tengo para mí que hizo bien el Heredero aceptando el inopinado envite dialéctico planteado por la joven. Una ciudadana que al margen de la forma de plantear sus opiniones manifestó ser eso: ciudadana y no súbdita. Alguien que, dada su edad, no vivió la Transición ni asistió al pacto que alumbró la Constitución pero que acreditó conocer la Carta Magna donde se dice que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. También el Príncipe se la sabe. Por eso, dicen las crónicas que contestó eso de que «por mecanismos democráticos todo es posible». El futuro es lo que se nos viene encima mientras hacemos otros planes.

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