Rafael Martínez-Simancas – Sin Etiqueta – Manual de democracia.


MADRID, 14 (OTR/PRESS)

En el movimiento 15-M hay una dosis de rebeldía y un planteamiento político (sin estar adscrito a ningún partido), que es muy interesante. Desde que se inició el 15-M los políticos saben que les vigilan y no sólo los controles a los que están acostumbrados: preguntas parlamentarias, en plenos, o debates con la oposición. El 15-M es la calle en estado puro y en la calle hay de todo. Lo que no es de recibo es usar el nombre del 15-M y las tecnologías de Internet para perseguir a un alcalde que saca a su perro. Esto le ha ocurrido a Alberto Ruíz-Gallardón cuando de noche (y fuera de «horas de servicio»), bajó a dar un paseo con su perro y allí estaba una panda de indignados que pasarán a la historia de la vergüenza española armados de cacerolas y pitos. No contentos con increpar al alcalde de Madrid le rodearon en actitud chulesca y le grabaron con el teléfono como si fuera un espectáculo digno de recordar. Muy «chicarrones» todos, muy entusiastas, muy macarrillas de última generación virtual.

Si la discusión política se reconvierte en ciudadanos ultra-sur que hacen lo que les sale de las narices entonces es que la democracia está peor de lo que pensábamos. Aquellos que confunden el ejercicio de la libertad de expresión con la mala educación son unos horteras de cacerola que podrían hacerse revisar su conciencia crítica en el caso de que alguna vez la hayan conocido. Bastante hemos tenido con los políticos que han tenido (y tienen) que usar escolta durante años, amenazados por la banda ETA, como para asistir a este espectáculo bochornoso de iracundos que esperan a la salida del portal. Al alcalde de Madrid, como a cualquier otro político, se le puede criticar por sus acciones y existen canales para hacerle llegar el malestar ciudadano, pero nunca convertir esa indignación en persecución a la estrella del pop a la salida del camerino.

Quizá Rubalcaba, el candidato, no quiera significarse pero hace falta el Rubalcaba ministro del Interior que haga valer la Ley y que evite abusos antidemocráticos que se visten de grandes manifestaciones de libertad (como diría el castizo: «¡y una leche!»). A nadie le gusta vivir en un país donde a los políticos se les corre a pelo por las aceras en nombre de una indignación que roza con la delincuencia. No hombre, no, se puede estar en desacuerdo con un alcalde, con un ministro, con quien haga falta, pero no convirtamos la parte positiva que tiene el 15-M en la carrera de cuadrigas de Ben-Hur.

En Lizarza un matón de Batasuna no dejó pasar a la prensa porque no le dio la gana. Igual este cenutrio también se creía en ejercicio de la libertad de expresión.

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