Andrés Aberasturi – Paco Vázquez tiene razón.


MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Cuando yo era pequeño siempre nos contaban la misma historia: si un árbol joven empieza a torcerse, o le pones una guía para enderezarlo en los primeros momentos, o cada vez irá a peor. Eso en plan didáctico y eclógico. Si nos vamos al realismo sucio que suele utilizar el refranero, nos topamos con de que «a perro flaco todos son pulgas». Y algo así le está pasando a este Gobierno y, naturalmente, a este país, que es más grave.

Todo, desde que empezó la oficialmente negada crisis, se les ha ido volviendo en contra y resulta ya cansino repetir la serie de errores en cadena que nos han llevado a esta situación que, nos guste o no, se está haciendo cada vez más crítica. Solo dos ejemplos bien distintos pero de última hora.

La forma de aprobar el tema de los convenios es de vergüenza ajena: no es que haya encontrado apoyos en grupos parlamentarios, es que ha tenido que «comprar» abstenciones. Muy fuerte. Y aun más fuerte cuando resulta que lo aprobado de forma tan vergonzante no le sirve ni al empresariado ni a los sindicatos ni al resto de los partidos y -mucho me temo- que tampoco convenza del todo en Bruselas. ¿Para qué aprobarlo entonces? Si se va hacer esa reforma porque no hay más remedio que hacerla ¿no hubiera sido mejor mojarse del todo y consensuar con el PP que no es sólo ya la oposición mayoritaria sino, parece ser, el partido llamado a gobernar?

Y lo de Bildu. Todo se va cumpliendo según algunos anunciaron. Todo cuanto está sucediendo lo «predijeron» -y es curioso- desde la propia ETA a Jaime Ignacio del Burgo. Como uno no cree en la profetas, la alternativa es la famosa y más que presunta «hoja de ruta» que, de alguna forma, habrían pactado o diseñado los enviados del Gobierno de ZP y los terroristas de ETA. No lo creo; y no sólo no lo creo sino que lo echaría de menos: ojalá hubiera esa hoja de ruta. Pero la explicación me parece mas obvia y mucho mas triste: una vez más ZP -y hay que referirse a él personalmente porque, enmendado a Ortega, ZP es ZP y sus obsesiones- volvió a confundir sus deseos con la terca realidad y sus buenas intenciones acabaron en tragedia: se le fue de las manos la negociación, ETA hizo lo que quería y el presidente sigue a la espera del milagro de que Bildu provoque el final del terrorismo cuando en realidad lo único que pretende es el fin del estado, es decir, lo mismo que ETA y HB.

Todo le sale mal a este Gobierno en precario y cuando viene una racha mala pero se está sobre seguro, tal sea una solución agazaparse y esperar; no es nuestro caso. Estamos, como país, en la cuerda floja y Europa -o sea Alemania- está harta de aguantar la red salvavidas de todos. Tiene razón Paco Vázquez aunque nadie, ni en el PSOE ni en el PP, le vaya a hacer caso: sería más que conveniente un gobierno de concentración para poner en orden la casa, para sacar a la luz toda la inmundicia y revisar todos los cajones. Pero para aceptar eso, ay, como diría don Mendo, hacen falta más cajones.

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