Sobre los dos PSOEs y la «Carta ética de la Internacional Socialista» (III)

(Cfr. Sobre los dos PSOEs y la «Carta ética de la Internacional Socialista» (II))

EL «HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO» FRENTE A LA MORAL DE LOS ESFÍNTERES
Quisiéramos un socialismo efectivamente ético, liberado de la chabacana propensión hacia la propaganda y el corporativismo sectario. Un socialismo de temple generoso y solidario; más que socialista, socializador. Pero no socializador de quiméricas igualdades, sino socializador de derechos sociales coherentes, escrupulosamente lógicos, en cuyo seno, por ejemplo, el derecho a una vivienda digna no pueda coexistir con la extemporánea incongruencia del chabolismo, ni con la usura bancarizada y bunkerizada, so consentimiento de las propias instituciones fiscalizadoras y económicas del Estado, por la élite neoconsocialista del zapaterismo, la pandilla de prebostes en cuyas manos, para rubor de generaciones, los españoles dejaron la gobernación de su Estado. Un socialismo en consecuencia, en el que, por la misma escrupulosa razón, el derecho a un trabajo digno —dignamente remunerado— constituya un justilegio de todos y cada uno de los españoles, en lugar del privilegio de una casta parasitaria bulímica e insaciable, indignamente autoremunerada y sobrealimentada a costa de la depauperación orgánica del Estado.

Quisiéramos creer en su posibilidad, asistir tan siquiera a la más mínima oportunidad de poder ver pasar ante nosotros un atisbo del único socialismo posible en la centuria que nos ha tocado vivir, donde socialismo posible, en este siglo, no puede ser sino otra cosa que temple compartido de razonable socialización. Se trata de una inequívoca apertura de la lógica solidaria hacia el horizonte menesteroso de los demás, para que sus miserias remitan sistemáticamente ante el justo derecho que las precede. (Entiéndaseme bien: que las precede, en todo caso, natural y no positivamente —como con fe de carbonero y de manera tan gratuita, a cuenta de las fundaciones-juntas de ofensiva neocon, adoctrina el excéntrico linaje de los Peces-Barba.) Porque de eso se trata, en fin: de realísima simpatía social. Todo lo contrario, pues, del antipático y sangrante guión representado, jornada tras jornada, por el codicioso club de la comedia en el que, extraviados sin remedio, patéticamente sobreactúan aquellos que tienen la planetaria desvergüenza de presentarse, ¡nada más y nada menos!, que como Partido Socialista Obrero Español.

Fue precisamente Fernando de los Ríos quien, con espíritu de justicia, invocó en España la sentencia de su maestro Hermann Cohen: «La Ética desemboca en el Socialismo»; pero no viceversa, porque el Socialismo, per se, desemboca en la Hética. Se entiende, en la ética con hache aspirada: la soi-disant ética que constituye la moral de los esfínteres; una disciplina espuriamente universitaria en la que vienen empeñando su víscera más sectaria no pocos catedráticos y catedráticas, Peces-Barbas y Esperanzas Guisanes. Unos y otras, desde hace más de treinta años, compungidos practicantes de la adoración nocturna en las jonsianas cavernas del Partido «Socialista» «Obrero» «Español», a la vez que doctrinarios máximos en su anexa red de Juntas de Ofensiva Neoco-Socialista: fundaciones, foros, plataformas y demás; covachuelas institucionalizadas del progresismo de los que siempre progresan de espaldas a la miseria de los demás, la de esos millones de parados a quienes, como ya he dicho, después de precipitarlos en la sima del acantilado social, la taumaturgia neoconsocialista pretende convertir ahora en cómplices suyos, tanto del Hechizado de la Moncloa como de cuantos, bajo su ceja, continúan justificando, insolidaria, irresponsable y pusilánimemente, sus incongruencias de imbécil consentido.

Frente al Socialismo que es, cuyo fin objetivado en la conciencia representa el partido como mecánica instrumental de codicias indecentes, tiene que imponerse la socialización impostergable de lo que debe ser, considerado «el hombre como fin en sí», personalmente, y no como mero medio para la conquista del Poder. El hombre, que en efecto debe valer un voto, no es él mismo, sin embargo, un voto. La era del hombre-voto, del materialista «ser vivo», del camarada de los recíprocos auxilios y demás instituciones camandularias amamantadas con los peores pechos doctrinarios del siglo XX debe ceder perentoriamente bajo la presidencia de la persona, cuyo espesor existencial trasciende con mucho el puntual y efímero instante en el que el hombre-voto deposita su papeleta, adocenada y gregariamente, en la jornada mecánica de los sufragios muertos. Y puesto que ya está cediendo —remírese bien, si no, el estado del mundo— la colosal bandera que comienza a enarbolarse, quizá con calma, pero sin pausa, va avanzando, de manera inexorable, con su emblemático «Hasta aquí hemos llegado».

El gran periódico del universo humano —diario ininterrumpido de las veinticuatro horas— es Internet. Por sus teletipos digitales percibimos cómo lentamente van quedándose arrumbadas mastodónticas ideologías que, ¡quién lo diría!, semejaban escritas para la eternidad. Conscientes, semiconscientes o inconscientes de ello, contra esta nueva circunstancia planetaria nadie tendrá ya nada que oponer, y menos que nadie, con su extemporánea propaganda, tan patética como inútilmente remozada por todos los clubs de las comedias, ese vetusto e inhábil socialismo del siglo XX que todavía hoy pretende venderle a «los obreros», travestida de solidario progresismo, su oligarquía financiera de nuevos ricos.

(Cfr. Sobre los dos PSOEs y la «Carta ética de la Internacional Socialista» (IV))

____________________
R. Malestar Rodríguez
www.castaparasitaria.com
rmalestar[@]gmail.com
(25/04/11)

Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído