Charo Zarzalejos – Elena, la pionera.


MADRID, 02 (OTR/PRESS)

Mañana lunes, Elena Valenciano va a presentar al comité ejecutivo del PSOE la comisión electoral por ella diseñada. Va a ser su primera decisión oficial en este nuevo trabajo que Alfredo Pérez Rubalcaba_lo de la P. no lo entiendo_le ha encargado. Nada menos que dirigir su campaña electoral que al margen de calendarios oficiales se va a iniciar, quiérase o no, el próximo sábado después del acto del Ifema en el que Rubalcaba será proclamado oficialmente candidato.

Es la primera vez que una campaña socialista va a descansar sobre hombros femeninos y la tarea de Elena «la pionera» no se presenta fácil. Y no es fácil porque no coge a su partido en su mejor momento, porque los ánimos están de aquella manera y sobre todo porque cuando de organizar algo se trata, hasta el último de la fila cree tener la mejor y más brillante idea, cosa que, dicho sea de paso, ocurre en todos los partidos.

En la aciaga noche socialista del 22-M fue ella , la primera en comparecer ante los medios. Tuvo que tragar saliva para advertir que el panorama era muy sombrío y no dejó de ser reconfortante -y significativo- el comprobar que con la cantidad de hombres que había en la sede socialista fuera precisamente una mujer la que anunciará el desastre. Además de «llorar» ¿ que estarían haciendo sus compañeros hombres mientras ella nos decía, sin decirlo, que les había llegado el desastre?.

Reconozco desconocer los entresijos de la designación de Elena Valenciano para dirigir la campaña electoral, pero dadas las circunstancias, y más conociendo al candidato, es seguro que semejante tarea no le ha tocado en un sorteo interno. Rubalcaba, que se las sabes todas y entiende y sabe tan bien como el mejor, eso del ejercicio del poder, sabe desde hace tiempo que si es necesario la designada les pone tiesos a todos. Y eso quiere el candidato.

Rubalcaba, que no está para bromas porque esto de ser el sucesor se lo ha tomado muy en serio, quiere tener la casa electoral en orden, sin sobresaltos ni imprevistos y ,sobre todo, sin ocurrencias. Elena Valenciano ha tenido un importante grado de protagonismo durante toda la etapa de Zapatero. Su «formato» nada tiene que ver con el de las otras mujeres del Presidente. No tiene el pijerio que algunos atribuyen a Trinidad Jiménez, ni la suavidad de gesto de Carmen Chacón, ni el aire adolescente, más cuidado en los últimos tiempos, de Leyre Pajín.

Da la impresión que se ocupa de si misma lo justo e imprescindible, su gesto es habitualmente serio, va por la vida sin miedos -o eso parece- y en la misma medida que para la Oposición es una sectaria, para los socialistas es «eficaz».

Sus planes de campaña son todavía un secreto. Si ha avanzado que consultara e informara de todo a «José Luis, a Pepe , a Marcelino*» pero nada se hará sin que previamente pase por su mesa y ella de el visto bueno. Todo lo que ocurra en el partido socialista va a ser analizado con lupa y no debe ser casualidad que en la aciaga noche del 22-M fuera ella la que diera cara y sus palabras se escrutaran con diccionario en mano y que ahora, cuando muchos socialistas se sienten sumergidos en las cenizas del esplendor, vuelva a ser ella, Elena Valenciano la que asuma buena parte -la otra depende del candidato-la responsabilidad de evitar la mudanza.

Hoy lunes, inicia oficialmente su tarea de responsable de campaña y se da por hecho -vista su trayectoria- que lo hace con la determinación de que no se cumpla esa máxima según la cual «el poder debilita a quien lo tiene y no lo usa».

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