Ante el Ministerio de la Muerte (I)

Creado, impuesto y fomentado por esa rara avis —entrevero insufrible de Carlos II el Hechizado y Fernando VII el Felón— que gobierna desde La Moncloa contra su propio pueblo, el Ministerio denominado de “Igualdad” constituye una gravísima y reaccionaria ofensa hacia media España.

Esto por lo pronto y cuando menos: no hay peor reaccionario que aquél que, pusilánime y criminalmente, atenta —reacciona, pues— contra el derecho natural que toda persona tiene a su propia plenitud desde el instante originario en que fue concebida.

Una ofensa que sumada a otras muchas sólo sirve para ahondar, todavía más, el difícilmente salvable socavón divisorio entre unos y otros españoles, donde, por personalísimo interés del irresponsable profundo que nos gobierna, se acumulan y crecen las aguas fétidas de nuestros paños más sucios.

Cierto es que, más tarde o más temprano, este irrepetible y, por lo mismo, inolvidable creador de acantilados sociales y proletarizador in crescendo de las clases medias (repugnante invento franquista que tanto le disgusta), Él, el hechizado Zapatero, se irá, pero no por voluntad propia, sino porque, ya con el agua al cuello, los masoquistas que aún le soportan y sostienen acabarán retirándole el gobernalle de la nación, sopena de encallarla definitivamente, sin remedio, en las playas del caos y la humanísima anarquía —que poco a poco, paulatinamente, asciende entre los ortos de los días.

El más que equívoco, perverso y siniestro Ministerio de “Igualdad” constituye, en rigor, un nido institucionalizado de desigualdades vergonzantes. No es que haya llegado a esto después de transcurrido un año de su infausta e indolente creación, sino que, desde ésta, tal fue ya, justa e instrumentalmente, su inconfesable misión programática: desde las alturas gubernamentales, desplomar cargas de profundidad contra el más mínimo atisbo existencial de oposición, especialmente cuanto más incursa ésta en una navegación de singladuras favorables.

También, liberar señuelos; siempre a tenor de las desviaciones sociales reveladas tanto por los demoscópicos radares de la Moncloa como por los paramonclovitas pulsómetros de las radio-cadenas del nuevo Movimiento.

Era previsto y sabido que para la secta política más atentatoria del legítimo socialismo español, para el PSOE de las JONS crear un Ministerio de “Igualdad” no podía ser otra cosa que un instrumento de provocación y auxilio propagandístico dispuesto al servicio exclusivo de ella misma; si se quiere, un instrumento “filesamente” costeado no por la propia secta, sino por cuenta y riesgo del erario público, que es lo que suelen hacer quienes acostumbran a invitar a lo grande, por supuesto, sin perjudicar su bolsillo; o lo que es peor, dejándole el pago en herencia a otros (Ley de Dependencia, etc): “crea leyes, que ya les quitarán los ojos a quienes nos releven”).

Dígaseme si no: más que un instrumento político pro domo sua, ¿qué otra cosa podía ser un Ministerio de “Igualdad” promovido por la misma secta que lleva practicando desde hace años el señoritismo doctrinal de “la Igualdad por arriba” y “el Progreso de sí mismo”; inmersa por lo demás siempre, como diría Menéndez Pelayo, en la masonería de los recíprocos auxilios?

Lo sabíamos, en efecto. Se trataba de un Ministerio de propaganda del PSOE de las JONS, consciente la secta, desde mucho antes de las elecciones generales, de la grave situación de una España febril y desencajadamente hipotecada en el tobogán de las ruinas. Y ello pese a jugar nuestro club en la “championlige”, según el irreparable Hechizado.

Pero lo que no sabíamos, ni podíamos suponer, es que la desvergüenza de la secta la llevaría a convertir el picaresco Ministerio en una institución estatal al servicio del crimen, eso sí, “democráticamente justificado”, lo que por su repugnancia, a cualquier persona con un minimum de dignidad, debería resultar intolerable, tratándose incluso de Adolfo Hitler, o del tal Bibiano Aida cuando llevaba ya cuatro largos meses de sepulturero curriculum en el vientre de su madre.

Estamos ante un elenco repugnante de petitia principii (burdas peticiones de principio) donde la argumentación ana-lógica —de estricta y rigurosa lógica vital; conforme, pues, a la vida misma— brilla por su ausencia, suplantada aquí por argumentos de neta intimidación persuasiva. Por otra parte, el repertorio de tales argumentos no puede ser más tópico: “España va camino de sumarse a otros países europeos, entre ellos Francia y Alemania, donde el derecho al aborto se regula a través de una ley de plazos”.

Argumento ante el cual nuestro querido compatriota de Atapuerca, atávico acomplejado por su celtiberismo de montera, bota de vino, gaita y jamón dorsal, se dice a sí mismo: —“¡Pobre de mí, pobres de nosotros! ¡Dónde estamos todavía! Sin duda, ha llegado el momento de exclaustrarse y ser como ellos: ¡europeos un poco más!”

Europeos, pero no europeos cualesquiera, porque para ser rumanos preferimos quedarnos en la cueva, dice mi compatriota de Atapuerca. No, nosotros queremos ser europeos alemanes o, también, europeos franceses. Sin embargo, hace poco más de medio siglo, las leyes francesas regularon un sistema estatal de tortura generalizada para Argelia.

Y en su momento, también sobre Argelia, lo mismo que sobre la Polinesia, la realización de ensayos nucleares (para entendernos, el lanzamiento efectivo de varias bombas atómicas).

En cuanto a las leyes nacional-socialistas alemanas, dejando a un lado ahora las de la genocida regulación racial, regularon cómo deshacerse de los deficientes mentales, los gitanos y otras escorias de mal vivir. Por ello, quizá, interesase al señoro ministro de Desigualdad, don Bibiano Aída, ir pensando en premiar con alguna de sus medallas y placas a tan ilustres precursores de su proyecto-crematorio para la “interrupción voluntaria del embarazo”, que así se nombra ahora, con vocabulario de Progreso, la desnuda voluntad de atentar mortalmente la mujer contra la persona ya concebida y alojada en sus entrañas.

Conviene no olvidarlo: vital y científicamente concebida, pese a quien pese y digan lo que digan los bien pagados comités ad hoc de obedientes Expertos reclinados a la mayor gloria de don Bibiano.

Querido compatriota de Atapuerca, antes de formarse ideas decisivas, ¿querrá esperarme hasta el próximo domingo?

(Véase «Ante el Ministerio de la Muerte (II)»)
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R. Malestar Rodríguez
www.castaparasitaria.com
rmalestar[@]gmail.com
(25/03/2009)

Autor

Roberto Malestar Rodríguez

Roberto Malestar (Vigo). Heterodoxo; filósofo —licenciado, graduado y doctorando en filosofía por la Universidad de Santiago de Compostela. Publicista, ensayista y articulista. Es, además, letrista e intérprete de tangos, folclore hispanoamericano y otros géneros.

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