Charo Zarzalejos – La mirada en el mar.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

No estoy perturbada. No estoy deprimida. Es más, soy razonablemente feliz y mi entorno más inmediato vive apaciblemente. Vivo sin nudo en el estómago porque no tengo fortuna amenazada por los mercados, ni dinero bastante para tener que pensar en el fondo de inversión menos arriesgado. Con todo esto me siento con la mirada puesta en el mar. Nada cansa menos a los ojos que poner la mirada en el mar. Cualquiera que me vea podría pensar «que tranquila está esta mujer». Pero yo sé que no estoy tranquila y que aún estando unos escasos días de vacaciones me tiro como loca a los periódicos y no me meto en internet por pura autodisciplina. O mar o maquinita, me he dicho a mi misma. La duda la resuelvo de inmediato: mar, mucho mejor el mar.

Me disperso. Iba en que me tiraba como una loca a los periódicos. Pero algo me ocurre. Otros años, abría en las páginas de crónicas veraniegas. Ahora, y a mí que soy de letras de toda la vida, lo que me «llama» es la prima de riesgo, el IBEX, el PIB, el déficit. Veo señales de alarma por todos los rincones de todas las páginas. Levanto la vista del periódico y la pongo en el mar. Su infinitud me sobrecoge pero no lo suficiente para que me pregunte qué es lo que me está pasando. ¿Por qué eludo la crónica veraniega?. ¿Por qué no me interesa lo que digan Rajoy o Rubalcaba que es lo mío? ¿Por qué estando tranquila pienso en la rutina sin la serenidad de otras épocas?

Lo comento con un amigo y compañero periodista y él me lo explica: «claro que estás tranquila, entre otras cosas , porque has asumido que trabajando lo mismo o más ganas mucho menos, pero también sabes que buena parte de lo que tenías que hacer en la vida, más o menos lo tienes hecho. Lo único que te pasa es que lo tuyo, como lo mío, no es un oficio de ventanilla. Tenemos la obligación de conocer y examinar la realidad y eso nos da una especial sensibilidad ante lo que tenemos delante, y lo que tenemos es muy duro. Saldremos, claro que saldremos, pero no sabemos ni cuando, ni cómo ni a qué precio y por eso, la rutina de la que me hablas no la puedes mirar de manera apacible. Te gusta decir -me recuerda- que no entiendes de economía, pero a la vista está que los economistas tampoco, osea que tú a mirar al mar sabiendo que has hecho un buen descubrimiento y es que lo único que te ocurre es que tu país te importa».

Le hice caso y puse, de nuevo, mi mirada en el mar. Me olvidé del PIB y de la «prima de riesgo» para recrearme en los recuerdos de mis viajes por España. Boba de mi, me he emocionado y todo y creo que se debe a que, efectivamente, mi país me importa y lo percibo un poco doliente, desorientado, más pobre, desconcertado y desasistido. Siempre me ha importado mi país. Siempre he pensado, como en la serie de TVE que España es un país «para chuparse los dedos» y lo que siento es que se nos va de entre los dedos.

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