Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Las dos(cientas)españas.


MADRID, 06 (OTR/PRESS)

Antes uno creía que las dos españas eran la conservadora y la progresista, lo que abarca desde Cánovas y Sagasta hasta Rubalcaba y Rajoy, por poner un límite temporal. Otros hablaban de la España rural y de la urbanita. Pero ya no estoy tan seguro de que esas dos españas sean tan diferentes: ni la izquierda lo es en sus postulados fundamentales ni la derecha se diferencia de esos postulados mucho más que en cuestiones estéticas. A menudo cito al para mí gran Pompidou cuando decía que derecha e izquierda apenas se distinguen en el diseño de las corbatas de sus representantes…

Está claro que ahora los parámetros fundamentales de la economía los dominan unos señores sin alma ni rostro que, de pronto, deciden rebajar la calificación de los Estados Unidos y el mundo vuelve a vivir, menudo agosto que nos están dando, un sobresalto. No creo que a esos tiburones que mueven hilos inexplicables para los gobernantes les guste mucho más el Tea Party que Obama. Y a continuación viene el comisario Olli Rehn, que es un tipo bastante mediocre -bueno, mire usted cómo anda la eurocracia y ya me dirá- y de quien, si estuviésemos sanos, no tendríamos ni que oir hablar, y se permite urgir a España y a Italia que aceleren sus reformas, que parece ser lo único que hoy se les ocurre a todos para salvarnos del naufragio.

Y entonces, lejos de responder con una sola voz a Europa, a Moody»s, al Financial Times y a Merkel, los políticos españoles se empeñan en demostrar contra toda lógica que sí, que existen dos españas. Y continuamos en lo de siempre: en la caricatura de que si uno no hace los deberes con la suficiente celeridad y que si el otro sigue tumbado a la bartola. Pero habrá acuerdo entre ambas partes, ya lo verán. Antes o después del 20-n. Tiene que haberlo necesariamente, aunque se posponga de manera irresponsable y suicida.

Yo, la verdad, las dos españas las veo más en la manera de concebir el futuro que en este presente compartido de manera tan roma. Los «indignados» de la Puerta del Sol y aledaños (porque la solidaridad en toda España con los de Madrid se limita a apenas unos centenares de jóvenes) explican el año 2020 de una forma; seguramente que los que se van a concentrar en torno al Papa ven el fin de esta década ominosa de otra muy diferente.

Me parece que, con la desidia de los instalados, de quienes para entonces se ven ya jubilados o prejubilados -si es que pueden–, lo que estamos haciendo es preparar una nueva edición de las dos españas para el veinte/veinte. O a lo peor, con la falta de previsión, de ideas y de generosidad que nos caracteriza, lo que estamos haciendo es superar la maldición machadiana y generar las diecisiete españas, o las dos(cientas) españas, cada una con su plan educativo, sanitario, laboral y recaudatorio. Menudo plan.

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