Otra televisión es posible (III)

(Véase: «Otra televisión es posible (II)»)

UNA CRÍTICA A LOS INFORMATIVOS
Y si hablamos de los informativos, los espacios más serios de la televisión, éstos han ido perdiendo su identidad de portavoces de la información seria y se han ido transformando en magacines de sucesos, aderezados con imágenes que, a menudo, no contribuyen a una mejor comprensión del hecho narrado.

En teoría, son los espacios serios de la televisión y así es comparativamente con el resto de la programación. No obstante, el cambio social propiciado por los medios de comunicación electrónicos exigió que los telediarios perdieran su aspecto adusto y casi “académico” para convertirse en una especie de mezcolanza cuasi amarillista donde una gallina que nace con dos cabezas o el desfile de ropa interior de Victoria Secret tienen el mismo valor informativo que la bajada de la bolsa. No estamos reivindicando los telediarios de estudio a la vieja usanza, en los que un periodista serio hacía una crónica de lo acontecido de relevancia en el mundo. La imagen es importante, pero sólo si completa o complementa la información. En la actualidad se practica una suerte de fraude consentido imponiendo imágenes sucesivas, sin sustancia, que no contribuyen a una mejor información, sólo por captar la atención del espectador pasivo. No importa si lo que se locuta y muestra tiene calidad o es un pseudoacontecimiento creado artificialmente para la televisión, o es noticia propia de tabloide si se puede conseguir un mayor share.

Los informativos hoy nos dan las noticias políticas, cada uno con un enfoque dependiendo de la ideología del grupo mediático al que pertenece la cadena. Los de los canales públicos siempre representan al Gobierno de turno a quien tratan con guantes de seda, por lo que son harto previsibles y cuando conviene sustituyen la información por la desinformación, es decir, información engañosa al más puro estilo de la KGB o la CIA, como diría Postman. Esto ocurre sobre todo en las campañas electorales o con temas tan polémicos como el cambio climático o el aborto.

Algunas cadenas privadas también subinforman y desinforman a favor del Gobierno como contribución al peaje por las subvenciones de las que viven. Es difícil subsistir siendo libres e independientes pero hay medios de comunicación que consiguen salir a flote dando buena información.

Los sociólogos han remarcado la tendencia de los informativos a contar todo lo cercano, aunque no sea trascendente ni tenga carácter de noticia. Hoy, los espacios de informativos transforman en noticia lo trivial y lo anecdótico; por ejemplo, una explosión de gas sin víctimas, un jabalí atropellado en la carretera, un señor aquejado de síndrome de Diógenes o la crecida de un río. Estas noticias no son de interés general y mucho menos los minutos de imágenes anodinas con las que los editores las aderezan: una ventana caída, escombros y unos vecinos mirando; una carretera con unos agentes del orden; una casucha atiborrada de basura y el río crecido.

Cada informativo dedica tres cuartas partes de su tiempo a lo banal o a noticias propias de programas especializados. Ponemos como ejemplo además de lo expuesto, las promociones musicales de los cantantes del momento, los desfiles de moda y la publicidad de las películas de determinados directores-actores-productores mimados del sistema.

Este interés en hacernos partícipes de lo cercano nos aleja del mundo y crea apatía y desinterés por los acontecimientos que sí son de relevancia social y política. Sartori narra un hecho que sintetiza lo que estamos diciendo. Cuando la ABC retransmitió en directo en 1989 uno de los acontecimientos más importantes de los últimos tiempos, como es la caída del Muro de Berlín, tuvo la cuota de pantalla más baja de todos los programas emitidos en esa franja horaria. Dice el sociólogo a este respecto que “si las preferencias de la audiencia se concentran en las noticias nacionales y en las páginas de sucesos es porque las cadenas televisivas han producido ciudadanos que no saben nada y que se interesan por trivialidades”.

LAS NOTICIAS E IMÁGENES DE CATÁSTROFES Y ASESINATOS GENERAN MÁS AUDIENCIA
No ha pasado inadvertido a los expertos el hecho de que las noticias internacionales ocupen escasos minutos del espacio informativo. Ello contribuye a la aldeanización que preconizaba McLuhan. La aldea global ha hecho de los habitantes de las antípodas nuestros vecinos, y sus problemas los nuestros, pero sólo mientras duran las imágenes. En la aldea global interconexionada no estamos mejor informados. Neil Postman dijo a este respecto estas esclarecedoras palabras: “Con toda probabilidad, los americanos son hoy la población que más entretenimiento tiene y la menos informada del mundo occidental”. En efecto, se refiere a los múltiples canales que emiten desde hace años. La idea podemos extrapolarla al resto de los países civilizados.

Hoy conocemos mejor lo anecdótico como si ocurriera en nuestra ciudad, pero desconocemos lo relevante. De Indonesia, sólo se habla cuando hay un tsunami; del Caribe, cuando algún huracán azota sus costas; de Haití cuando hay un terremoto. En estos casos, desafortunadamente, hay decenas, cuando no cientos de muertos que mostrar, familias que lloran por sus familiares, y destrucción por doquier. Cuanta más desgracia más audiencia, y las imágenes se nos muestran incluso en tiempo real y captan nuestra atención durante el momento que las vemos en la pantalla, sin apenas darnos tiempo para la reflexión porque otras imágenes se encadenan en una suerte de video-clip vertiginoso. Quizá a lo “global” habría que ponerle el término de “relativo”, pues la televisión sólo nos muestra una parte de la “aldea”. ¿Qué se nos emite de China? Los Juegos Olímpicos o la feria internacional a donde acuden a abrir mercado los Gobiernos y comerciantes de los países del Norte. Está bien, pero en China hay miles de personas viviendo en condiciones infrahumanas a los que el tan cacareado crecimiento económico ni los toca. En China llevan años asesinando niñas con la complicidad de “todos los informativos del mundo”. Lo mismo podemos decir de India y de toda el África negra. ¿Qué información nos sirven en los telediarios? Ninguna. En parte, por cuestiones económicas. Son más rentables unas colas de algún suceso irrelevante pero cercano que enviar cámaras a algún punto a hacer un reportaje de fondo.

Este nuevo modelo de informativo empezó en Estados Unidos con la competencia de las cadenas en su lucha por la audiencia. La CBS, paradigma de la información norteamericana, llegó a justificar la baja calidad de la información arguyendo que es una cuestión de preferencia de los espectadores, y si la audiencia sube con hechos luctuosos o terremotos y huracanes hay que ofrecer eso. Lo expuesto queda sintetizado en estas palabras de la biografía de Walter Cronkite, La vida de un reportero, publicada en 1996: “En un tiempo efectivo de 21 minutos teníamos que resumir el universo humano de ese día. Era imposible, pero intentábamos realizarlo con seriedad. Actualmente, no lo hace casi nadie: los telediarios agitan al público para aumentar la audiencia. […] La televisión no puede ser la única fuente de noticias, no está preparada para ello. Los falsos debates televisivos, los eslóganes, los anuncios publicitarios, los foto-flash, todo esto transforma la política en teatro”.

Ésta es la realidad. Pero además, los telediarios son tan poco originales y competitivos que no les importa divulgar los mismos contenidos, incluso las mismas imágenes, y seguir fielmente los comunicados de las agencias de prensa. Existe incluso la teoría de que los informativos tienen poca calidad debido al bajo nivel intelectual y profesional del personal. No podemos estar de acuerdo. Creemos más bien que la tiranía de la tendencia obliga. Muchos periodistas –me consta—estarían encantados de hacer una televisión mejor, en todos los aspectos.

Hay que decir, no obstante, que en Francia, Inglaterra y otros países realizan informativos serios en los que prima la noticia sobre la imagen. En España, algunas cadenas privadas también luchan por un hueco en el universo televisivo ofreciendo información de calidad.

En cualquier caso, hay que tener presente que las noticias, sobre todo las de importancia mundial, se presentan de acuerdo a lo que dicta el sistema. En no pocas ocasiones, noticias de gran relevancia internacional, o se omiten en su totalidad o llegan al ciudadano distorsionadas y completamente manipuladas para servir a los intereses del establishment internacional. Los think tanks y las grandes agencias de prensa tienen mucho que decir a este respecto.

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Por Magdalena del Amo
Periodista y escritora
Directora de Ourense siglo XXI
Directora y presentadora de La Bitácora, de Popular TV
www.magdalenadelamo.com
periodista@magdalenadelamo.com
(20/07/2011)

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Autor

Magdalena del Amo

Periodista, escritora y editora, especialista en el Nuevo Orden Mundial y en la “Ideología de género”. En la actualidad es directora de La Regla de Oro Ediciones.

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