Andrés Aberasturi – En busca de un consenso.


MADRID, 15 (OTR/PRESS)

¿Quién va a ganar las próximas elecciones? No se sabe, pero sea quien sea -y parafraseando a Pio Cabanillas, pero al contrario- no será de los míos. Porque ay del victorioso y de las medidas que tendrá que tomar. Y es que estamos viviendo un absurdo paréntesis de nada, un desangre inútil entre el desastre de ayer y la tragedia de mañana. Lo decían los periódicos: ni empresas ni familias reciben créditos; la cantidad prestada por los bancos en el primer semestre de este año es la más baja desde 2003 y la concesión de préstamos se ha desplomado un 52% frente a 2007. En resumen: hoy por hoy España es un país subsidiado y sin financiación. Pillar así la presidencia del Gobierno es para masoquistas porque, para rizar aun más el rizo, el problema no se limita sólo a las medidas urgentes y sin duda dolorosas que hay que tomar y puertas adentro, sino contar con lo que ocurra en Europa y en EEUU.

Si fuéramos serios, si España tuviera conciencia real de cuál es la situación, el ganador de las próximas elecciones y la oposición mayoritaria y los dos partidos nacionalistas harían lo que ahora parece que empiezan a vislumbrar algunos: unir fuerzas y renuncias por el bien de todos. No se trata de reeditar los Pactos de la Moncloa porque aquello ocurrió en otro tiempo y con otros problemas, pero si habría que rescatar el sentido de la responsabilidad que entonces hubo en la derecha y en la izquierda, en la patronal y en los sindicatos para salir de aquella trampa que hubiera podido dar al traste incluso con la recién estrenada democracia. Pues estamos otra vez en eso. No nos jugamos el sistema pero si el futuro que cada vez es más presente y algo hay que hacer para salir del túnel además de mirar hacia Alemania.

¿Y quién debe dar el primer paso para hacer lo que hay que hace? Se supone que el presidente del Gobierno que salga de las urnas, pero tampoco pasaría nada si en lugar de reprocharse las herencias recibidas en las autonomías se buscara sin publicidad un hombre de consenso -por qué no un tipo como J.A Segurado- para organizar los encuentros sobre los que debería edificarse el futuro. Hay otras opciones, claro: seguir con el «y tu más» o esperar el santo advenimiento del rescate o el milagro. Pero perder un día y otro en prometer lo imposible, no conduce a ninguna parte o, mejor dicho, a donde conduce, más vale no llegar.

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