Fernando Jáuregui – La semana política que empieza – El turrón en La Moncloa.


MADRID, 25 (OTR/PRESS)

Alguien, no recuerdo quién, inventó la denominación de «felipato» para el período de mandato de Felipe González. Yo mismo puse el título de «aznarato» a un libro, y de «zapaterato» a otro. Se trataba de significar el inmenso poder que le cabe a un presidente del Gobierno en España, país en el que los poderes legislativo y judicial ostentan peculiaridades especiales que les hacen tener una influencia recortada en beneficio del Ejecutivo. Ahora, con la disolución formal del Parlamento en las próximas horas, yo diría que nos aproximamos al inicio de un «marianato», si hemos de hacer caso a lo que nos vaticinan los sondeos de opinión de manera inequívocamente unánime. Es decir, que Mariano Rajoy será, si no ocurre lo inesperado, jefe del Ejecutivo español y tomará el turrón en La Moncloa.

Ya sé cuánto le molestan a Rubalcaba, el candidato socialista, estos vaticinios ajenos al definitivo veredicto de las urnas. Pero el comentario político ha de tomar los elementos que le brinda la realidad, y todo apunta a que este lunes se da un nuevo, importante, paso hacia el relevo no solo de persona, sino de partido, en el palacio presidencial y, claro, en el Consejo de Ministros. No me parece, contra lo que Pérez Rubalcaba dice, ni ocioso ni, menos, poco democrático, lanzarse a la prospectiva de lo que pueda ocurrir cuando, en diciembre, un nuevo rostro, muy probablemente el de Rajoy, y un nuevo partido, el PP, se hagan con ese cúmulo impresionante de poder que supone gobernar, puede que con amplia mayoría, en España.

Muchas veces he dicho que los inconvenientes de tener un partido gobernando con mayoría absoluta en España superan a las ventajas. Comprendo la necesidad de un drástico cambio tras ocho años con unas fórmulas desgastadas, y sé que ahora el péndulo le favorece a Rajoy, pero hace tiempo que pienso que los grandes pactos deben primar sobre las recetas únicas, los acuerdos sobre las guerrillas verbales de partido contra partido. No, no me gustan los poderes absolutos.

El «marianato», si finalmente se produce, como parece, heredará bastantes cosas malas del «zapaterato» -podría discutirse si todo ha sido culpa de Zapatero y de sus malos equipos o si, también, de una crisis internacional a la que nadie embrida–; pero igualmente heredará algunas cosas buenas. La quiebra del terrorismo etarra, una quiebra que parece irreversible y definitiva, entre ellas, dígase lo que se diga de los métodos de ZP-Rubalcaba en su combate frente al terror de la banda. También, en la parte positiva, el reconocimiento por parte de los que mandan de verdad en Europa y en los mercados de que en España, al menos ahora, se hacen las cosas como se debe, lo que, por supuesto, implica que antes no era así.

Le confieso a usted que mi interés no estriba ahora en los ataques de florete con trampa que se crucen los dos principales partidos. Ni siquiera en unas propuestas electorales que todos saben que no son el verdadero programa de medidas -algunas muy duras, sin duda_ a aplicar. Temo que la precampaña y la campaña, que ahora se enfilan hacia unas urnas ya muy próximas, van a ser un continuo fuego de artificio; ya lo son.

Me importan, sí, los gestos de fondo, esos gestos a veces casi inapreciables, del hombre que se comerá el turrón en La Moncloa: de que mantenga su talante moderado, su independencia frente a las presiones de los poderosos de toda laya, de que corrija algunos defectos evidentes en su entorno y en su propio trayecto, nos va mucho a todos. De que muestre, ya y no después del 20-n, su actitud pactista con el principal derrotado -y, en lo posible, con las restantes fuerzas, desde luego–, de que mantenga su firmeza en ciertos principios y de que abandone otros que carecen de sentido y se mantienen solo de cara a la galería, va a depender que España enderece un rumbo que, en algún momento, parecía que empezaba a desviarse. Seguro que el hombre que puede encarnar el «marianato», seguro que su rival, el que protagonizaría un improbable «rubalcabato», lo saben perfectamente. Y es ese momento de encuentro lo que de verdad me interesa a mí del período que se abre hoy mismo.

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