Fermín Bocos – Un contrato con los electores.


MADRID, 27 (OTR/PRESS)

Faltan cincuenta días para que se celebren las elecciones y faltan concreciones en los programas electorales de los dos candidatos que aspiran a ser inquilinos de La Moncloa. Hablo de compromisos concretos, no de anuncios con cuenta gotas como están haciendo tanto Mariano Rajoy como Alfredo Pérez Rubalcaba. Deberíamos importar la costumbre norteamericana del «contrato con los electores», y exigir el enunciado pormenorizado de medidas, proyectos de ley -para aprobar o derogar normas- y el correspondiente cálculo presupuestario de todas las iniciativas. Conocidas las intenciones de los candidatos y transformados sus respectivos programas en un «contrato» con los ciudadanos, llegado el día de las votaciones los votantes norteamericanos saben a qué atenerse.

No es como aquí, donde un candidato puede anunciar que durante la legislatura se alcanzará «pleno empleo» -lo hizo alegremente Zapatero en la última campaña electoral- y, si concluida la misma, resulta que España tiene ¡nada menos que cuatro millones medio de parados! no pasa nada porque no hay libro de reclamaciones. Quiero decir que lo más que le puede pasar al político que en periodo electoral fantasea o engaña al personal es que su popularidad se desplome en los sondeos. Que es lo que, por cierto, viene acaeciendo desde hace meses con Zapatero. Todos los estudios conocidos constatan el descrédito cosechado por el Gobierno socialista en la gestión de la crisis económica. Cuando, tras meses de negar la mayor, Zapatero cambió la línea política y paso de la barra libre de gasto en rotondas y subvenciones, al recorte de los sueldos de los funcionarios y a la congelación de las pensiones de los jubilados, debería haber tenido el coraje de convocar elecciones y asumir el correspondiente desgaste político. Un país adulto se merece gobernantes capaces de decir la verdad y pechar con las consecuencias. En términos políticos, ZP ya es pasado.

Por eso, para no repetir errores, a los que vienen hay que emplazarles para que concreten sus planes de gobierno. A eso me refiero cuando, en vísperas del 20-N, hablo de la necesidad de que unos y otros sean tan claros como concisos a la hora de anunciar su «contrato con los electores». Para que después nadie se sienta engañado.

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