Fernando Jáuregui – Siete días trepidantes – Algunas noticias que quizá sean buenas… Algún día.


MADRID, 01 (OTR/PRESS)

Estamos todos tan necesitados de buenas noticias que nos parece titular de primera página que Merkel haya convencido a cuatro de sus parlamentarios para que voten a favor del rescate a Grecia. Tan angustiados que nos agarramos como a un clavo ardiendo a unas declaraciones de Emilio Botín ante sus inversores y analistas diciendo que España puede ser la sorpresa positiva en los próximos años… aunque no antes de 2013.

Tan urgidos de esperanza que a muchos, a mí al menos, nos parece vislumbrar el fin de la pesadilla que durante tantos años nos ha supuesto ETA, a la que el lehendakari Patxi López emplazaba a dejar las armas en un plan de paz de diez puntos que, personalmente, considero un avance. Como un avance me parece que EKIN, la estructura «política» de la banda, anuncie su disolución. Claro que todos estos datos, acumulados en la semana que ahora concluye, no bastan para la euforia, pero…

Pero creo que es urgente ver la botella medio llena. Porque España necesita una buena inyección de optimismo, de orgullo de país. Escuché el viernes a Felipe González, lleno de vitalidad y de espíritu positivo a sus casi setenta años, pregonando nuevas -aunque algo viejas- eras, en la inauguración de la conferencia política del PSOE, una intervención que, por cierto, eclipsó casi por completo a la de José Luis Rodríguez Zapatero; a ver con qué nos sorprende este domingo, en la clausura, Alfredo Pérez Rubalcaba, que no puede hacer un discurso al uso en este su «pistoletazo de salida»: creo que a Rubalcaba no le queda otro remedio que intentar mostrar la cara sonriente de la vida.

El candidato socialista tiene que esperanzar a los suyos y a quienes, no siéndolo, tampoco se apuntan al barco presumiblemente ganador, el de Mariano Rajoy. A quien, por supuesto, también estoy escuchando estos días mensajes de ánimo: esto tiene arreglo, repite, quizá no en tono lo suficientemente alto, el hombre que tiene más probabilidades de ocupar el sillón principal de La Moncloa. La semana próxima, en la gran convención del PP en Málaga, tendrá también la oportunidad de gritar alto y claro que, con «sus» recetas, saldremos del túnel.

Por eso, querido lector, porque me niego a ver la botella medio vacía, y menos aún rota, como la quieren algunos catastrofistas, me he permitido encabezar hoy este comentario recogiendo, algo desordenadamente, cosas que pudieran llegar a considerarse buenas noticias.

Ya sé, ya sé que también las tenemos malas: esa improvisación gubernamental a la hora de sacar a Bolsa, algo a la desesperada, las Loterías del Estado, por ejemplo. Los recortes por doquier, que ya afectan directamente a la sanidad y amenazan a la educación. La metedura de pata del «president» de la Generalitat catalana al criticar despectivamente el habla de andaluces y gallegos (cierto: pidió perdón, y eso, en el panorama escasamente autocrítico que nos anega, le honra). O el temporal económico que, glub, parece que se avecina en Europa, según nos dicen algunos expertos que parecen fiables…

Pero, en fin, levantemos los corazones. Hemos entrado en un octubre que, sin duda, va a estar plagado de turbulencias. Pero lo único que no nos podemos permitir es el desánimo, porque entonces ¿qué nos queda?

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