Andrés Aberasturi – No hay dos puntos finales.


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

No entiendo muy bien por qué se sigue hablando del triunfo de la democracia o la derrota de ETA. Leo y releo el comunicado no termino de encontrar apenas nada que me conduzca a un optimismo que no puedo compartir con tantos. Cierto que es mejor este comunicado que otros cargados de amenazas y prepotencia y cierto que lo relativamente nuevo que se anuncia es positivo aunque no deje de ser un matiz: entre el alto el fuego permanente (comunicado de enero) y el cese definitivo de la actividad armada de octubre, no afloran grandes diferencias porque entre lo permanente y lo definitivo podría haber, como digo, algún matiz diferenciador, pero poco más; lo mismo que entre utilizar la fórmula de «alto el fuego» o cese de actividad armada. Y sin profundizar tanto, la palabra o el anuncio de una banda terrorista no deja de ser -como ha quedado demostrado muchas veces- algo tan frágil como su moralidad. Tres capuchas blancas o negra bajo tres chapelas, pueden decir hoy lo que mañana nieguen y al contrario.

Por eso no termino de ver ni el cambio histórico del que se habla, ni el triunfo del que se alardea y mucho menos cuando resulta que Bildu está donde está y se preparan unas elecciones generales en las que el brazo político de ETA se dispone a ocupar varios escaños. Dónde está el triunfo de la democracia frente a los asesinos cuando el mismo diputado general de Guipúzcoa, Martín Garitano (Bildu) afirmaba despué3s del comunicado de ETA que «a partir de ahora, los Gobiernos español y francés y la propia organización ETA tendrán que abordar las consecuencias del conflicto, entre las que se encuentran, de forma destacada, tanto las víctimas de uno como de otro signo, como los presos y sus circunstancias».

Continuar con la fábula inmoral de que hay víctimas en los dos bandos, de que hay dos bandos y que lo que hemos vivido -y aun vivimos- es «la ultima confrontación armada en Europa» según la declaración de San Sebastián, no va a conducir a nada realmente satisfactorio. Bien está que se vayan dando pasos, que avancemos en lugar de retroceder como tantas veces, pero que ese deseo de avanzar no nos haga confundir las cosas. Ya hubo un punto final en la transición y no puede haber otro. Lo escribimos los demócratas con una amnistía generosísima pero ETA siguió escribiendo con sangre su barbarie. Otro punto final es imposible y sería una traición disimularlo bajo cuerda con añagazas legales.

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