Julia Navarro – Escaño cero – Nada que agradecer, nada que pagar


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Cuesta creerlo. Si, cuesta creer que cincuenta años después ETA haya anunciado que «depone» las armas. Hace tiempo que saben que han perdido, que no tenían otra opción que poner punto final a su locura asesina. Pero a lo que parece necesitaban montar una gran escena con acores extranjero incluidos para decir que dejan de matar. Eso es lo que ha sido la Conferencia de San Sebastián, la percha sobre la que colgar su anuncio de adiós a las armas. Bienvenida sea esta decisión. Pero eso si la alegría que a todos nos produce el anuncio de que va a dejar de matar no significa que se lo tengamos que agradecer, ni tampoco que la sociedad española esté dispuesta a pagar un precio.

La historia de la banda se resume en más de ochocientas personas asesinadas, decenas de secuestros, de chantajes, de torturas y además en los albores de la Transición, de poner en peligro la democracia. Ahora hay que preguntarse qué va a pasar. Porque si es verdad que ETA no va a volver a matar su siguiente comunicado deberá de ser para decir que se disuelve y deja las armas y que pide perdón a las víctimas y a sus familias. También la sociedad estará especialmente atenta a los pasos que puedan dar nuestros representantes políticos. Y en mi opinión los partidos no deben de perder de vista que a una banda terrorista no se la puede premiar porque deje de matar y desde luego deben de tener en primer lugar presente a las víctimas.

Nadie puede devolver la vida a los muertos pero sí se puede defender su memoria de la única manera posible y es que no se pague ningún precio político a ETA.

Desde luego el anuncio de ETA supone que el País Vasco conocerá por fin lo que es vivir en libertad, y que cientos de policías y guardias civiles, de políticos del PSOE y del PP, de empresarios, de todo aquel que no comulgara con el nacionalismo fascista de ETA, podrán de dejar de mirar debajo de su coche, o no acelerar el paso a la salida de sus casas, o caminar por la calle sin temer que un pistolero se acerque pistola en mano para acabar con una vida con un tiro en la nuca.

Puede que los cientos de vascos que se fueron al exilio por las amenazas de ETA quieran regresar a su pueblo, a su ciudad, a su tierra, con su gente.

Sí, se abre una nueva etapa que sin duda va a marcar para bien a la sociedad vasca y española. ETA ha anunciado que deja de matar. Bien está pero nuestros políticos tiene que dejar claro ante ese anuncio que no hay nada que agradecer ni nada que pagar.

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