Pedro Calvo Hernando – Un brindis con alegría y esperanza


MADRID, 21 (OTR/PRESS)

Con 34 años de retraso, ETA abandona el terrorismo y la violencia, después de una larga agonía, después del esfuerzo de todos, a los tres días de la conferencia de San Sebastián, a los dos días de que la izquierda abertzale se lo exigiese, en cumplimiento todo del guión previamente marcado. Estas son horas de inmensa alegría ante el acontecimiento que llevábamos tantas décadas esperando. Desaparecen, además, sin haber conseguido doblegar para nada al Estado democrático, tras haberlo intentado durante tantos años. El cese definitivo del terrorismo tenemos que convertirlo en el mejor homenaje a los cientos de víctimas que los asesinos dejaron en el camino. Ese homenaje y el permanente recuerdo a las víctimas es lo mejor que podemos hacer por ellas y por el alumbramiento de la mejor España con la que siempre habíamos soñado. No es momento de aprovechamiento electoral por parte de nadie sino de compartir entre todos con generosidad y grandeza la dimensión del gran acontecimiento. Y a la derecha extrema hay que pedirle contención y que lo acepten con naturalidad.

A partir de ahora habrá que pensar tal vez en la generosidad de que hablaba el presidente Aznar para con los presos de ETA, en busca de una difícil reinserción en la vida democrática. Pero todo ello sin prisas y sin polémicas estériles y sin que sufran la justicia ni el respeto debido a las víctimas. Y habrá que aceptar lo que tantas veces habíamos repetido: que sin terrorismo ni violencia todas las ideas y proyectos políticos son igualmente defendibles por las vías de la democracia. Que lo decíamos en serio, que no era un recurso dialéctico para combatir las ideas que no cuadran con las nuestras. El País Vasco es una hermosa y gran comunidad y sus habitantes son gentes estupendas, que tenían todo el derecho del mundo a encontrar definitivamente su camino de paz y de libertad. En estas horas hemos escuchado cosas muy hermosas de personas que llevaban años atenazadas por el miedo y protegidos por sus escoltas, soñando también por la final liberación. Todos habrán brindado con alegría y esperanza.

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