Pedro Calvo Hernando – La inestabilidad absoluta.


MADRID, 4 (OTR/PRESS)

Comienza la campaña electoral del 20-N en un momento de grandes tensiones y contradicciones, con gruesas noticias que se atropellan unas a otras en cuestión de horas, especialmente en todo lo relacionado con el papel de Grecia en la gran crisis global. Es lo que se llama una situación de inestabilidad absoluta, en la que resulta hasta ridículo casi todo lo que pueda decirse durante la campaña electoral, ya que cada idea o cada propuesta estará sometida al dictado de los acontecimientos cambiantes o al capricho de los poderes económicos dominantes, llámense mercados o perico de los palotes. Me parece que toda la parafernalia de la campaña electoral nos la podríamos haber ahorrado porque dudo que sirva de algo y pienso que no será otra cosa que un escenario privilegiado para aquellas tensiones y contradicciones que a nada bueno conducen, o que más bien pueden alimentar la catástrofe, ésa que a lo peor se confirma o a lo mejor se desmiente, en función de los caprichos de los agentes externos o de los intereses inconfesables de los dueños de los grandes cotarros.

Resulta cómico el enfrentamiento entre la candidatura socialdemócrata y la conservadora, porque nadie sabe en qué van a derivar las propuestas y promesas de amabas, con el riesgo de resultar perfectamente intercambiables. Por eso pienso que lo más importante es el talante y el poso de credibilidad que cada uno imprima en el escenario, incluido el debate del lunes entre los dos grandes protagonistas. Ocurre, además, que tras la publicación de la encuesta del CIS, que atribuye al PP una victoria terrorífica, el partido de Rajoy tendrá que ir pensando en lo que se le viene encima y lo que tiene que hacer para que los resultados del 20-N no se le esfumen en unos meses y el PSOE comience a exigir elecciones anticipadas, como el PP hizo desde los comicios mismos del 2008. Veo al PP demasiado eufórico con las previsiones electorales y yo le recomendaría de nuevo sosiego y la inteligencia suficiente para entender que el poder le va a ser regalado por la crisis, la misma que luego puede quitárselo.

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